
Johannes Kepler, Isaac Newton y Lord Kelvin se quejaban del tiempo que tenían que perder haciendo operaciones aritméticas simples. Por eso los hombres decidieron inventar las calculadoras. Pero si preguntáramos a cualquier persona de nuestro entorno cómo es una calculadora nos la describiría como un objeto con botones numerados y una pantalla, que funciona a pilas o tal vez una aplicación integrada en su smartphone o tableta.
¿Y , si le preguntáramos cuál fue la primera calculadora que existió,? Probablemente nos mencionaría al ábaco, aquella herramienta de cálculo inventada por el pueblo chino en la antigüedad y cuyos primeros registros históricos datan del siglo II (durante la Dinastía Han) pero entre ambas, y olvidadas en una especie de limbo, han existido cientos de otras calculadoras diferentes, cuyos diseños no prosperaron o cuyos mecanismos fueron rápidamente superados.
Todas se basaban en el invento de Gottfried Leibniz de en 1672: la rueda de Leibniz un tambor con forma de cilindro con un conjunto de dientes de longitud incremental a la que se le acopla una rueda de conteo. Desde que de Leibniz inventó el tambor escalonado la disposición cilíndrica empezó a ser utilizada en muchas de ellas.
La calculadora de Hahn de 1774, tenían controles deslizantes, diales o tambores escalonados alrededor de la parte superior y los lados de un cilindro.

Y la calculadora de Axel Jakob Peterson de 1873 también utilizaba una construcción cilíndrica similar

También la patente estadounidense 703785 de de Christel Hamman de 1902 describe una máquina con controles deslizantes de ajuste vertical alrededor de la periferia, un único tambor central escalonado y una sección superior elevable que contiene los registros.
Y una disposición cilíndrica similar también fue utilizada por la calculadora de Christel Hamann que inventó alrededor de 1905 una máquina calculadora compacta cilíndrica con un disco escalonado central

Pero entre todos estos “eslabones perdidos” tecnológicos, hay uno que brilla con luz propia. Se trata de la calculadora CURTA, un artilugio cilíndrico y macizo construido en metal esmaltado de negro, con una tapa a rosca y una pequeña manivela que cabe justo en una mano y que con un peso de alrededor de 100 gramos presenta un aspecto muy diferente al de los dispositivos que conocemos. Posiblemente esta sea una de las calculadoras mecánicas de mano más perfectas jamás construidas.
Su inesperada forma de uso y principios de funcionamiento es también enormemente original. No tiene botones sino deslizadores, tampoco tiene pantalla y por su aspecto bien podría confundirse con un molinillo de pimienta o un carrete de pesca. La mecánica de uso era algo complicada, pero una vez que se tomaba algo de confianza el uso de esta máquina, era muy adictivo. Según el modelo, podían ingresarse 11 o 15 dígitos a través de sus diales deslizantes, y con el giro de la manivela se movían los engranajes en el tambor para sumarlos (o restarlos si se tiraba de la misma antes de girarla) para realizar los cálculos apareciendo los resultados en unas pequeñas ventanas que rodean su parte superior. Un sencillo gatillo con forma de aro permitía borrar la memoria y empezar de nuevo con otra operación.
Sorprende de este ingenioso invento que una pequeña máquina con alrededor de 700 piezas individuales fuese capaz de sumar, restar, multiplicar, dividir e incluso calcular raíces cuadradas y cúbicas. Una obra maestra mecánica en miniatura porque la calculadoras CURTA combina la precisión de un reloj suizo con la artesanía de una antigua cámara Nikon F en un cilindro compacto y lo más curioso es que esta máquina le salvó la vida a su creador, y que tras la intrincada mecánica e ingeniería que la anima, aparece la historia de un hombre solitario que logró sobrevivir a uno de los lugares más terribles que se hayan visto en la historia de la humanidad: el campo de concentración de Buchenwald

El inventor Curt Herzstark. Museum Mura
Su inventor Curt Herzstark (1902-1988) era hijo de madre católica (Marie Amalie Herzstark) y de padre judío Samuel Jacob Herzstark (1867-1937) un famoso fabricante austríaco de calculadoras mecánicas que en la Primera Guerra Mundial, fabricaba material de guerra y que al final de la misma se dedicó a vender máquinas de oficinas Remington y Burroughs mientras las máquinas de su vieja fábrica eran reconstruidas. Tras esto se dedicó a la construcción de equipamiento de precisión fabricando máquinas de calcular bajo patentes ajenas, a las que habían introducido algunas mejoras de diseño propio.
Cuando Curt tenía solo 3 años su padre comenzó a producir la calculadora Austria en Viena y siendo muy niño empezó a demostrar aquella máquina a través de Austria.

Curt creció entre calculadoras y tras estudiar mecánica y terminar la escuela, comenzó a trabajar en la empresa de su padre, aunque luego se fue a trabajar a las fábricas de calculadoras AstraWerke y Wanderer en Chemnitz, Alemania, para adquirir más experiencia. Después de un año en Alemania, Herzstark regresó a la fábrica familiar en Viena y comenzó a administrar la fábrica de su padre a partir de 1930. Como director técnico, empezó a desarrollar una máquina calculadora cilíndrica en miniatura que mejorara la existentes (como la calculadora Friden ) que solo hacían operaciones de sumas y restas. Herzstark en lugar de usar un teclado decidió envolver los deslizadores para los números de su prototipo alrededor de un cilindro a fin de que pudieran introducirse los mismos deslizando un dedo.
Con este enfoque quería crear un área para el registro de resultados alrededor de la parte superior de un cilindro en donde colocaría una manivela para manejar su calculadora. Esto suponía una ventaja frente a otras calculadoras mecánicas que utilizaban un mecanismo separado para calcular cada dígito de la respuesta: por ejemplo, la calculadora Friden tenía 10 columnas de llaves para introducir un número y 10 conjuntos separados de engranajes para el cálculo, lo que era caro y él se dio cuenta de que sólo necesitaba un mecanismo de cálculo si el mismo podía ser utilizado consecutivamente por cada dígito de entrada. Así su calculadora podría tener ocho deslizadores para los dígitos, pero los dientes (o pasos) estarían en un solo tambor central que manejaría la aritmética. Esto le permitía recortar el tamaño y el peso de su máquina y en 1938 ya tenía el prototipo de una calculadora de “4 funciones”, a la que llamó LILIPUT presentado una patente que cubría aquel tambor escalonado (Patente del Imperio Alemán Deutsches Reichspatent №747073 ).
Pero los buenos tiempos para la familia y la compañía de Herzstark solo duraron hasta finales de 1937. En octubre murió Samuel Herzstark, y solo varios meses después (en marzo de 1938) las tropas de Hitler invadieron Austria y tras el famoso Anschluss se anexionó Austria a la Alemania nazi. Esta anexión cambió todos los planes de Herzstark quien, para su desgracia, pertenecía a una familia de origen judío. Unos oficiales militares alemanes llegaron para inspeccionar su fábrica y entre 1938 y 1943 la misma comenzó a producir medidores para los tanques Panzer pero en 1943 dos personas de la misma fueron arrestadas por escuchar emisoras de radio inglesas y acusadas de espionaje a favor de los aliados. Cuando Curt quiso interceder por ellos un oficial de la Gestapo lo echó, diciendo: ‘¡Qué imprudencia, que un medio judío se atreva a hablar en nombre de estas personas!‘
Su sentencia estaba echada, debido al origen judío de su padre y las SS lo arrojaron a la infame prisión de Pankratz, donde tras compartir celda con otras 50 personas, fue enviado al campo de concentración de Buchenwald.
En aquel horrible lugar en donde fueron asfixiadas con gas y se mató de hambre a miles de personas Curt Herzstark fue inicialmente colocado en una unidad de trabajo de jardinería. Era noviembre, y todo lo que tenía era una camisa, un par de pantalones de prisionero, zapatos de madera y una gorra de punto. Pensó morir pero el destino le sonrió cuando un oficial de las SS revisando su expediente comprobó que había trabajado en la fabricación de medidores de precisión para el ejército y lo mandó a trabajar en una fábrica conectada con el campo de concentración donde los nazis fabricaban piezas de precisión para aviones de guerra y proyectos militares secretos. Herzstark entró a trabajar en las operaciones para la fabricación de piezas de precisión para ser enviadas a Peenemiinde, el sitio de lanzamiento de los misiles balísticos y durante los siguientes dos años, también hizo componentes para los cohetes V2.
Pero su verdadera suerte comenzó cuando el ingeniero gerente de la fábrica se enteró de que Herzstark había le estado trabajando en su pequeña máquina de cálculo. Le permitieron el diseño para si realmente funcionaba poder regalársela al Fhürer después de que Hitler ganase la guerra y Herzstark. pensó: «‘Si puedo hacer esta calculadora, puedo extender mi vida.’ por lo que la empezó a dibujar de la forma en que él la había imaginado». Las SS no aligeraron su carga de trabajo pero él trabajaba en su invento los domingos por la mañana y por las noches después de apagar las luces. Así, aunque en penosas condiciones, el diseño de su calculadora interesó a los oficiales de las SS de Buchenwald y esto le permitió sobrevivir hasta el año 1945.
Cuando Herzstark había completado sus dibujos, el 11 de abril de 1945, vio jeeps procedentes del norte y un soldado en el asiento delantero le gritó: «Están todos libres«. Se había liberado el campo de Buchenwald y pocos días después Herzstark caminó hasta la ciudad de Weimar con los planos de su calculadora en el bolsillo, llevando sus dibujos a una de las pocas fábricas que aún quedaban en pie. Aquellos diseños de Herzstark eran tan claros que sólo tomó dos meses hacer tres calculadoras prototipo. Pero justo cuando se estaban elaborando los contratos con aquella fábrica entró el ejército ruso y Herzstark tuvo miedo por lo que se marchó viajando hasta Austria como pudo para comprobar que la antigua fábrica de su familia era inutilizable. Construyó de memoria su vieja patente de 1939, volvió a patentar su calculadora en la oficina suiza de patentes con la esperanza de llamar la atención de algún fabricante de este país.

Dibujo de una de las patentes de Herzstark
Tras repatentar su creación, Herzstark trató de conseguir que alguien invirtiera en su idea y consiguió que Remington-Rand, una firma estadounidense de maquinaria mostrase mostró cierto interés, por la misma pero luego el mismo se desvaneció. También el gobierno de Austria rechazó su invento porque en Europa no había infraestructuras para iniciar nuevos proyectos.

Francisco José II de Liechtenstein
Sin embargo su suerte cambió cuando conoció al príncipe de Liechtenstein reconocido por mantener a su principado fuera de la Segunda Guerra Mundial. Era un hombre que quería desarrollar la economía, de su país, bastante atrasada y basada en la agricultura por la industria que en este Principado solo existía para fabricar dientes postizos. Así es que al enterarse del proyecto de Herzstark lo invitó a sucorte y se entusiasmó con el mismo. Todo salió bien y en Liechtenstein se creó la empresa Contina AG Mauren en la que Herzstark fue nombrado director técnico, recibiendo un tercio de las acciones y un plus por cada máquina vendida.
La calculadora de Herzstark se anunció en los periódicos suizos y la empresa alquiló una sala de baile de hotel donde se construyeron las primeros 500 calculadoras CURTA.Salieron a la venta en 1948 y fueron promovidas en ferias comerciales y en revistas técnicas. Seis meses más tarde, una tienda estadounidense trató de pedir 10.000 unidades de las mismas pero en lugar de aferrarse a este pedido, el director financiero decidió que ese pedido estaba más allá de la capacidad de la compañía, condenando a la CURTA a ser vendida por correo o en tiendas especializadas

Anuncio de la calculadora CURTA en las páginas de Scientific American de la década de 1960 por un precio de 125 $.
La CURTA evolucionó a dos modelos básicos: Tipo I (ver la imagen inferior izquierda) y Tipo II (imagen derecha) que se diferenciaban en el número de puntos de cálculo y, por tanto, también en su tamaño.
A pesar de la mala gestión de la empresa fabricante Contina AG, se estima que se fabricaron unas 150.000 calculadoras CURTA hasta 1972. Unas 85.000 Tipo I y unas 65. 000 Tipo II. Eran dispositivos muy prácticos y útiles, cuya resistencia a la corrosión y robustez, se confirmó en pruebas a largo plazo y fueron usadas por empresarios, técnicos, arquitectos, ingenieros, químicos y científicos ya que un libro de tablas y una de estas máquinas en su lata de metal se podía llevar fácilmente al campo, para completar los cálculos y verificar las medidas ya fuese en un viaje, un taller, en trabajos de topografía o en obras construcción, sin necesidad de regresar a la oficina aunque muchas de estas calculadoras también se compraron simplemente como curiosidades o como objetos de arte , y algunas de ellas todavía se pueden encontrar sin usar en su embalaje original.
Esta es la maravilla que Curt Herzstark construyó: la máquina de cálculo más ingeniosa de la historia, cuya precisión se esconde tras sus casi 700 piezas de engranajes, ejes y piñones pero la auténtica maravilla es que le salvó la vida a su creador. Cuando los soldados estadounidenses llegaron a Buchenwald, el primer campo de concentración liberado por las fuerzas aliadas, muchos de ellos vomitaron al ver los cuerpos apilados y muertos de los prisioneros pero Herzstark siempre reflexionó sobre su horrible experiencia allí con estas palabras: «Si hubiera sido abogado o algo así, habría muerto miserablemente porque me habrían enviado a una cantera, y en dos días habría tenido una infección pulmonar y todo habría acabado pero Dios y mi profesión me ayudaron.»
Fuentes:
Stoll, Cliff. “The Curious History of the First Pocket Calculator.” Scientific American, vol. 290, no. 1, 2004, pp. 92–99. JSTOR, http://www.jstor.org/stable/26172659. Accessed 20 Apr. 2021.