El siglo XIX se destacó por su llamada “época victoriana“, que fue un periodo que correspondió a su segundo cuarto, empezando en el año 1837 cuando la reina Victoria se sentó en el trono inglés y acabando 63 años más tarde, en 1901 cuando cesó el reinado de aquella monarca. En ese tiempo Inglaterra disfrutó de uno de los periodos más prósperos de su historia y una de las modas victorianas fue el empleo de las llamadas “medicinas eléctricas“.

El uso de la electricidad en el cuerpo humano se remonta a tiempos muy antiguos y en el año 46 a.C. Scribonius Largus, médico personal del emperador Claudio ya utilizaba la electricidad con fines terapéuticos

Concretamente él curaba el dolor de cabeza y la gota de sus pacientes ayudándose de las descargas eléctricas que emiten peces como la anguila y el pez torpedo negro

Las terapias eléctricas con estos peces se siguieron utilizando durante mucho tiempo con aplicaciones de descargas al organismo humano para aliviar cefaléas, artritis y otras afecciones, y fue el alemán Johan GottlobKruger (1715- 1759) quien trajo rigor científico al asunto por ser el primero de una saga de científicos que hicieron uso de la electricidad con fines médicos aplicando pequeñas descargas para la recuperación de miembros paralizados.Actualmente las “corrientes de estimulación” se siguen empleando para tratar enfermedades de músculos esqueléticos, desorden del flujo sanguíneo y dolores de causas diversas pero en el siglo XIX el uso de la electricidad se convirtió en una panacea.

En 1818 Mary Shelley imaginó a un doctor que creaba a un monstruo al que dotaba de vida gracias a la electricidad y aquella novela era el reflejo de una época en la que se pensaba que la electricidad era una cosa nueva y maravillosa que lo dominaba todo. Galvani instauró el galvanismo con la posibilidad de revivir músculos, tendones y nervios gracias a unos estímulos eléctricos y al hombre común de la calle de aquellos tiempos le fascinaban los misteriosos poderes de esta nueva fuente de energía y gracias a esta “fe popular” en los milagrosos efectos de la electricidad muchos proveedores de patentes medicinales se aprovecharon del interés del público por la misma (y también de su ignorancia) para lanzar al mercado los más curiosos y variopintos remedios que se basaban en el empleo de la misma. Unido a la famosa “pila” inventada por Volta en 1799 para producir “electricidad artificial“, la misma empezó a utilizarse para vender los más curiosos artefactos.

En la mayoría de ellos se empleaba “la vibración” (una panacea que en aquel siglo parecía curarlo todo) y se desarrollaron vibradores y cinturones eléctricos para la estimulación muscular de las caderas masculinas (con accesorios especiales para el pene) que empleaban comúnmente correas, cadenas, collares o corsés a los cuales se aplicaba una corriente terapéutica al paciente por medio de un paquete de baterías.

Fuente de la imagen

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Aún así hubo “médicos serios” que intentaron usar la corriente eléctrica como una terapia alternativa para el tratamiento de algunas enfermedades degenerativas como la artritis inflamatoria o problemas con las articulaciones. Entre ellos destacó una extraordinaria mujer de la clase media alta victoriana cuyo nombre era Jennie Kidd Trout.

Doctora Jennie Kidd Trout. Fuente

Ella fue la primera mujer cualificada como médico en Canadá y se especializó en el empleo de “baños eléctricos” en una clínica de su propiedad llamada “Therapeutic and Electrical Institute” ubicaba en la calle de Jarvis, 272, de Toronto. Aquella doctora abrió su clínica en 1875 donde podía acomodar hasta 60 pacientes a los que ofrecía un tipo de electroterapia basada el uso simultáneo de agua y corriente eléctrica metiéndolos en un baño a 34 grados Celsius durante 15 minutos mientras les hacía pasar una suave corriente eléctrica a través de su cuerpo .

La doctora Trout ofrecía estas “instalaciones especiales” para dar tratamiento de baños galvánicos e incluso seis meses después de abrir su Instituto, decidió poner un dispensario gratuito para los pobres intentando sufragar los gastos del mismo por medio de los ingresos obtenidos por una serie de conferencias médicas que celebraba en Toronto, Brantford, Richmond y Hamilton. Sin embargo los honorarios de aquellos discursos no le cubrieron los costos de su dispensario y tuvo que cerrar las puertas del mismo en el año 1876.

Ahora vamos al gran “timo” de las medicinas eléctricas de aquel siglo. Fue un invento victoriano llamado “aceite eléctrico” que se publicitó en aquellos tiempos como uno de los más grandes descubrimientos médicos, y que-supuestamente- servía para cualquier cosa que un paciente estuviera sufriendo.

Anuncios de 1875 del almanaque de productos para la granja de John F. Henry.Curran & Co publicitando el aceite eléctrico del profesor De Grath

El “aceite eléctrico” del Profesor C.DeGrath era un aceite que se suponía había sido expuesto a una carga eléctrica antes de ser envasado. Servía para curarlo todo; desde la sordera a la gota, pasando por los chancros en la boca, el dolor de oídos, la rigidez en el cuello y los dolores de cabeza. El autor de su publicidad afirmaba que eran muy numerosos los clientes satisfechos, y que sus curas se debían “al principio sutil al que se hace referencia en su nombre.” Se anunciaba de esta manera :

La electricidad es, sin duda, un agente médico importante. No sólo aniquila el tiempo y el espacio, sino en algunos casos la enfermedad … El profesor De Grath afirma que los elementos sedantes y curativos de su preparación- que son en sí mismos potentes- han sido combinados con habilidad científica rara – corrigiendo su poder que casi se cuadruplica por una peculiar aplicación de la energía eléctrica al conjunto“.

Nadie sabe con certeza quien fue aquel señor De Grath. Algunos lo sitúan en el área de Filadelfia, otros en la década de 1860 nos lo muestran como un residente de la ciudad de Newton, ubicada en el condado de Jasper en el estado estadounidense de Illinois, donde estuvo por lo menos un año o dos. También cuentan que fue un vendedor ambulante que deambulaba por Maryland y Michigan y no he encontrado ninguna imagen de este individuo pese a registrar toda la red pero en fuentes antiguas de prensa se cuenta que tal vez aquel famoso “profesor Charles De Grath” en realidad era un zapatero que vivió en Ontario con una esposa llamada Sabina.

El citado Charles De Grath, cuando inventó su milonga debería de tener unos 35 años y estaba en la lista del censo canadiense de 1852. Se autodenominó “profesor De Grath” y en 1855, escribió un famoso folleto en el que ensalzaba las virtudes de su “aceite eléctrico” de esta manera :

¡Descubierta por fin ! La curación más grande del mundo para el dolor! El aceite eléctrico del Prof. Chales De Grath es la única solución en el mundo para la curación de reumatismo, gota, dolores en espalda, pecho o lado, palpitación del corazón, accidente cerebrovascular paralísis, dolor de muelas, dolor de cabeza, calambres en el estómago, escrófula, manos o pies helado, ojos doloridos, esguinces o contusiones, llagas o quemaduras, rigidez en las articulaciones, neuralgia, dolores de senos o posibles enfermedades que son dolorosas. Ninguno producto es genuino si no lleva la firma del Prof. Charles De Grath con la marca De Grath & Co. ubicada en el número 39 South Eighth Street, tercera puerta por debajo de Chestnut Hill ( un barrio del noroeste de Philadelphia). A los tenderos y distribuidores del país se lo podemos suministrar al por mayor y al por menor. Precios de 25, 50 centavos y 1 dólar por botella.

Una de las botellas donde se envasaba el producto.

Incluso aquel charlatán se permitió en 1863 hacer una publicidad agresiva ofreciendo hasta 100 dólares si su remedio no funcionaba.

Nadie se quejó de aquel remedio y aquella medicina eléctrica fue una panacea de aquel siglo victoriano que se podía tomar ingiriéndolo o frotándolo en las zonas afectadas. El ‘efecto placebo‘ fue tan efectivo que un tal señor Edward Stimble de Filadelfia afirmó haberse curado de sus pies congelados gracias al aceite del señor De Grath y un tal señor Tryon en Nueva Jersey afirmó haberse curado de “una sordera de hacia más de diez años … en presencia de 200 personas,” gracias a aquel aceite eléctrico.

Como todos los embaucadores De Grath empezó a tener problemas y en enero de 1875 un tal Henry E. Bowen presentó una reclamación judicial alegando que “el hombre que se hace llamar Dr. Charles De Grath etiquetas los medicamentos presentados en el almanaque de John F. Henry.Curran & Co violando las leyes de rentas internas por no adherir las estampillas de tasas a algunas de las preparaciones por él vendidas” . En septiembre de 1875, el señor De Grath fue detenido por una orden de extradición del gobernador de Illinois en base a un supuesto perjurio en el condado de Alexander y finalmente murió en algún momento del año 1880 pero “su medicina” siguió vendiéndose por la empresa “The Grath Drug Company” durante bastante tiempo y nadie reclamó nada contra la misma.

Su ejemplo cundió y hubo otras empresas que desarrollaron también el “aceite eléctrico“. Una de ellas fue la “West Electric Cure Co.” que vendió sus productos en la década de 1880 promocionándose como “una perfecta medicina eléctrica“. Las botellas eran de color azul de cobalto y se vendieron en Chicago hacia el año 1888.

También salió la “Brewster’s Medicated Electricity” fabricada por un tal E E Brewster de Holly Michigan a finales de 1880. Se vendía como un remedio seguro para el frío, catarro, fiebre del heno, asma, dolor de cabeza, gripe, etc..en una botella que contenía una batería eléctrica completa con una garantía de dos años.

O el “Hanna’s Electro Silicon Linimentun preparadoInventado por John Hannas, y comercializado por la Electro Silicon Liniment Co. en New York, en los finales de 1870.

En la siguiente noticia se nos cuenta como una madre salvó la vida de su hija pequeña gracias a este “maravilloso producto”

Reseña de prensa de 1877

Hubo muchos más productos “panacea” basados en las ventajas de la electricidad como el “Cornell’s Electric Liniment” de un tal doctor Dr B F Cornell en Edgewood a finales del siglo XIX. Igual que De Grath también ofrecía recompensa a quien demostrara que el producto no funcionaba

O el concentrado eléctrico E.C. Allen. vendido en botellas con colores variados a los que se añadía- supuestamente- hierbas de Árabia y anunciado alrededor de 1856.

Afortunadamente todo aquello se acabó y en el siglo XX cuando la industria farmacéutica eliminó de un plumazo todas las terapias que no se apoyaran en el uso de los medicamentos.

Fuentes:

Professor De Grath’s Electric Oil – L.H. Crawley

“Are the Labels Counterfeit?” New York Times, January 22, 1875, [Ancestry Library ]

“De Grath Remanded For Extradition,” New York Times, Sept. 28, 1875, [Ancestry Library]

John F. Henry, Curran & Co., Farmer’s and Mechanic’s Almanac 1875

Acerca de mrjaen

La curiosidad es lo que me mueve a escribir

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