El pasado 19 de Febrero se estrenó en USA la película “Race, el héroe de Berlín” dirigida por Stephen Hopkins que llegará a España el 15 de Abril en la que se nos cuenta la historia de aquel mítico atleta norteamericano llamado James Cleveland Owens (de alias “Jesse Owens“) Este atleta fue- en su tiempo- el paradigma de la ingratitud y el racismo. 

Esta producción se ha rodado con el beneplácito de la familia Owens, la Fundación Jesse Owens, el Jesse Owens Trust y el Luminary Group, todos ellos grupos mediáticos muy importantes en los Estados Unidos. La Fundación Jesse Owens fue creada tras la muerte del atleta por su viuda y una de sus tres hijas, con la finalidad de ayudar económicamente a jóvenes sin recursos; el Jesse Owens Trust es un fideicomiso cuya representación comercial es gestionada por el  Luminary Group y ambas se encargan de gestionar el uso con fines comerciales del nombre “Jesse Owens“, una marca registrada y protegida (como también lo son el nombre y la voz del este atleta) para su uso con fines comerciales (no es el caso de este artículo, porque todas sus imágenes han sido extraídas de fuentes públicas cuyas referencias se indican expresamente).

A mí me parece muy bien que un film rinda justo homenaje a James Cleveland Owens, porque este atleta fue el paradigma de la ingratitud y el racismo. El  racismo es una violación de los derechos y la dignidad del ser humano y existe desde hace mucho tiempo, pero-lamentablemente- se  trata de un prejuicio aprendido porque “nadie nace racista” sino que se trata de una ideología que enseña a pensar que existe una jerarquía en donde unas razas son superiores a las demás.

Con el estreno de esta película, se hace un merecido homenaje a un hombre que en 1.936 dejó al todo el planeta boquiabierto, cuando, con sus espectaculares marcas, echó por tierra la teoría de la “supremacía de la raza aria” instaurada por Adolf Hitler. Lástima que hayamos tenido que esperar 36 años tras el fallecimiento de Jesse Owens, para rendirle un homenaje cinematográfico. Es eso que decimos en el refranero español de que :”a burro muerto la cebada al rabo“.

Yo hoy quiero recordar la historia de aquel increíble atleta porque su vida muestra hasta qué punto puede llegar la ingratitud humana en eso de discriminar a una persona por el color de su piel. Y lo hago recordando que la Organización de Naciones Unidas en 1,965 celebró una Convención Internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial y estableció el día 21 de Marzo como el “Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial”.

  El racismo en Estados Unidos se remonta al siglo XVI, cuando los indígenas, empezaron a ser vendidos como esclavos. A partir del siglo XVII en los Estados Unidos, la esclavitud se aplicaba a las personas de origen africano y tras la independencia de 1.776 las leyes estadunidenses de 1. 790 garantizaban la ciudadanía y libertad solo a las personas blancas (caucásicos).

La esclavitud fue abolidas tras la Guerra Civil (1.861-1.865) pero los estados del sur perdedores de la misma redactaron leyes para garantizar los privilegios del hombre blanco. La Leyes de Jim Crow (1. 876) aprobadas en los antiguos estados de la Confederación privaron a la población negra de sus derechos civiles y les impusieron la segregación en los lugares públicos. Como la constitución garantizaba los derechos de todos los ciudadanos en los Estados Unidos se creó la falacia de que las oportunidades ofrecidas a blancos y negros eran iguales,

Pero no era así y en los años 30 empezó el apartheid para los llamados colored, bajo el concepto de “Separated but Equal” (Separados pero iguales) para evitar que el hombre blanco se “contaminara” por la influencia del hombre negro. He aquí algunas de sus medidas:

a) En los autobuses estaba prohibido para los negros ocupar los asientos delanteros, que estaban reservados para las personas de raza blanca. 

b) Muchas estructuras urbanas (fuentes, aseos, etc) eran reservados exclusivamente para los negros con un cartel con la palabra “colored”

 c) Había una ley marcial que obligaba a los negros a entrar en casa a las diez de la noche

d) En muchas grandes ciudades se confinaban los negros en barrios específicos

e) Ningún propietario o inmobiliaria vendía su casa a un negro 

f) Había hospitales para blancos y negros con casos tan sangrantes como aquel de 1,937, en Chattanooga, estado de Tenessee, cuando la cantante de blues más famosa de aquel tiempo, Bessie Smith, falleció desangrada tras un accidente de tráfico, tras ir a tres hospitales que se negaron a curarla dejándola morir desangrada en la ambulancia.

g) Había segregación en el trabajo y los negros, siempre ocupaban puestos de menor cualificación

h) Los negros no podían sindicarse ni votar

i) Había escuelas para negros. 

j) No se aceptaban negros en las universidades sureñas.

El este contexto social nació el 12 de septiembre de 1913 en el Condado de Lorenzo de la comunidad de Oakville en Alabama (USA) el séptimo de los once hijos que tuvieron Emma y Henry Owens, un niño de cuerpo raquítico y enclenque y que a los siete años estuvo al borde de la muerte por una neumonía y al que pusieron el nombre de James Cleveland OwensCuando cumplió ocho años su familia se mudó a Cleveland (Ohio) 

 Casa de Jesse Owens en Cleveland

En su primer día de clase su profesor le preguntó cómo se llamaba y él respondió «J. C. Owens» pronunciado en inglés jay-cee con su fuerte acento sureño y el educador al escucharlo entendió aquel nombre como «Jesse», apodo por el que todos le conocerían en adelante. Sus primeros pasos los dio en la Fairmont High School, donde conoció con 15 años a Minnie Ruth Solomon, la que sería su futura esposa que entonces solo tenía 13. La primera hija de la pareja nació en 1.932 y contrajeron matrimonio en 1.935 del que nacerían dos hijas más: Marlene (1.939) y Beverly (1.940). 

Allí fue donde descubrió su pasión por correr porque sus compañeros de clase se mofaban de su aspecto enclenque y le ignoraban en los recreos. Esto hizo que Jesse, para no aburrirse, se dedicara a dar vueltas corriendo al campo de beisbol, pero poseía tan extraordinaria agilidad, potencia bien administrada y estilo sobrio y elegante que su entrenador de gimnasia Charles Riley quedó fascinado y le dijo: “Dentro de unos años serás el mejor atleta del mundo” ofreciéndole unirse al equipo de atletismo y el entrenarlo personalmente antes antes de iniciar el horario escolar, ya que Owens trabajaba en el taller de calzado de la escuela.

 Jesse Owens en la Fairmont High School

En 1.928 estableció varios récords en pruebas de longitud y ganó otras pruebas importantes, como los campeonatos del Estado de Ohio durante tres años seguidos. En 1.933, cuando se encontraba estudiando en la East Technical High School de Cleveland, Owens rompió el récord mundial de salto de longitud para estudiantes de instituto, con una marca de 24 pies 9 1/2 pulgadas (7,56 m) e igualó el récord mundial en 100 yardas (91 metros) con una marca de 9.4 segundos.
 Jesse Owens en pista 17/06/1933 tras igualar el récord mundial (Fuente )

Como Cleveland no era tan próspero como su padres Emma y Henry creían, Jesse tuvo que compaginar sus estudios primarios con otros trabajos: así fue como hizo de vendedor de periódicos, empleado de una gasolinera, ayudante de zapatero, ascensorista y chico de los recados. Eran los únicos que podía conseguir en aquellos tiempos un chico negro.

  

Jesse Owens trabajando en una gasolinera en 1935 | The New York Times/Getty Images

Tras sus éxitos, muchas universidades quisieron hacerse con él, y finalmente Owens escogió la Universidad Estatal de Ohio porque le prometieron trabajo para él y para su padre, asegurándose la estabilidad económica de su familia. 

 Jesse Owens saltando unas vallas en su etapa en Ohio State

Una vez allí y bajo la tutela de su entrenador Riley, Owens se dispuso a competir en un campeonato de la NCAA (National Collegiate Athletic Association) que era una competición reservada a los atletas de las diez universidades más importantes del medio oeste estadounidense. Era la llamada “Big Ten Conference” y nadie pudo imaginar lo que haría aquel hombre de color aquel 25 de Mayo de 1.935 en Ann Arbor, Michigan. 

La mayor hazaña de Owens se produjo aquel día, con el handicap de que el atleta estaba lastimado en la espalda. Su entrenador le recomendó que no compitiera pero como sabía que era “su gran oportunidad” decidió participar y compitió, estableciendo cuatro marcas legendarias :

1.- Rompe el récord mundial de salto de longitud que había durado 25 años con un salto de 8.13 metros

2.- Hace las 220 yardas (201 metros lisos) en 20.3 segundos.

3.- Hace los 201 metros vallas en 22.6 segundos, convirtiéndose en la primera persona en bajar de los 23 segundos.

4.- Iguala el récord mundial de 100 yardas (91 metros lisos) en 9.4 segundos

Y todo ello en un lapso de 45 minutos descansando sólo entre 9 y 15 minutos entre prueba y prueba

 Esta increíble gesta le valió el apodo de “El Antílope de Ébano” y hay que señalar que aquella fue una de las pruebas más grandes del atletismo en todos los tiempos , ya que conseguir “los cuatro oros ” de la NCAA sólo lo pudo igualar Xavier Carter, en 2006, pero con títulos “no personales” como la medallas de las carreras por relevos.  Owens siguió con su progresión meteórica y el 20 de junio de 1.936, batió en Chicago el récord mundial de 100 m. con 10.2 segundos, demostrando su plena plena forma por lo que fue seleccionado para representar al deporte norteamericano en los Juegos Olímpicos de Berlín’36.   Delegación estadounidense a los Juegos de Berlín. Owens es es segundo por la izquierda 

Aquellas Olimpiadas de la Alemania nazi eran la esperanza de Hitler para demostrar al mundo que los atletas alemanes dominarían en aquellos juegos demostrando asi la superioridad de la raza aria. Los hombres de color eran considerados como seres inferiores por los nazis (ellos los llamaban “los bastardos de Renania”) pero a Owens eso no le sorprendió nada porque en Alemania encontraba una situación institucional muy parecida a la que él había dejado atrás en América .

Pues si, porque a pesar de sus logros y reconocimiento internacional, Owens sufría la segregación racial estadounidense y sus en los viajes con el equipo de su Universidad se veía obligado a comer en restaurantes para negros y a utilizar las puertas de servicio y las escaleras de emergencia para acceder a los hoteles.En Berlín el primer día de los juegos Hitler solo aplaudió las victorias de Alemania, y no las de los atletas afroamericanos que Goebbels denominaba “los auxiliares negros del equipo estadounidense” y cuando desde el Comité Olímpico le sugirieron que o aplaudía a todos los atletas o no aplaudía a ninguno optó por “hacerse el sueco”ante las victorias de los atletas de color 

El día 1 de Agosto de 1936 comenzaron las series de 100 metros y Owens ya igualó el récord olímpico de Thomas Tolan de 10.3 segundos pero no se lo homologaron alegando que tenía viento a favor. Dos dias después el 3 de Agosto y ante un estadio abarrotado con 110.000 espectadores Owens volvió a igualar este récord derrotando a Ralph Metcalfe y alzándose con el oro. El estadio lo reconoció con frialdad: no era eso lo que les habían dicho que sucedería

En el salto de longitud Owens ostentaba el récord mundial con 8,13 metros pero en las pruebas del 4 de Agosto compitió con el “atleta tipo” de la raza aria alemana, Lutz Long. Para acceder a la final era necesario saltar 7.15 metros, en tres intentos y como Owens era un velocista y no había tenido entrenamiento específico en longitud, apuró el límite de la marca para saltar y en sus dos primeros saltos hizo dos nulos. Así fue como abucheado por los espectadores antes de hacer su último salto y ante la mirada atenta de todo el estadio Long se le acercó y le dijo: “Puedes pasar la calificación con los ojos cerrados. Sólo retrasa algo tu salto para no hacer nulo”. El atleta alemán sabía que si Owens arriesgaba mucho y se aproximaba a la tabla los jueces lo descalificarían porque estaban influenciados en que un negro no debía de derrotar al campeón de raza aria. 

Owens le hizo a caso y saltó exactamente 7.15 metros. En el estadio nadie sabía lo que habían hablado los atletas, pero lo inusual de aquel gesto y la clasificación “in extremis” del gran rival del alemán hicieron que la tensión subiera aún más. Sin embargo Owens acababas de encontrar a un gran amigo 

 Jesse Owens junto a Lutz Long. Su rival y amigo 

Poco después comenzó la final, y Lutz Long en su primer intento marcó 7.54 metros. Todo el estadio, y en especial el palco de autoridades soñaban con “un nulo” de Owens pero el mazazo fue tremendo porque el salto fue de 7.75 metros. En el segundo salto Lutz llegó hasta los 7.75 metros pero en su turno Jesse Owens saltó unos increíbles 7.87 metros. En el último salto Lutz pisó la línea e hizo nulo y Owens, que ya había ganado, aún tenía que sorprender al mundo entero y ante un público en estado de shock voló unos espectaculares 8.06 metros El estadio de Gunterstalt se quedó mudo pero después estalló un sonoro aplauso y Lutz Long felicitó calurosamente a su nuevo amigo Owens y le acompañó en la vuelta al estadio. Al pasar frente al palco de Hitler este ni siquiera hizo un gesto para saludarlo. 

El 5 de agosto en 200 metros lisos Owens venció con un récord olímpico de 20.7 segundos y el 9 de agosto , junto al equipo de relevos de 4×100 consiguió la cuarta medalla de oro superando el récord mundial junto a Ralph Metcalfe, Foy Draper y Frabp Wykoff, dejándolo en 39.8 segundos.

Y así fue como Jesse Owens regresó a su patria con cuatro medallas de oro y con la satisfacción de haber dejado en ridículo a Hitler pero a su vuelta fue completamente ignorado (tan solo una pequeña parada en la Bolsa de Nueva York). El presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt rehusó recibirlo en la Casa Blanca (porque se encontraba en campaña de reelección y temía perder votos en los estados del Sur si homenajeaba a Owens) y tras la ingratitud de su país, aquel campeón tuvo que volver a trabajar como botones en el hotel Waldorf-Astoria. El mismo nos lo contaba así :”Cuando volví a mi país natal, después de todas las historias sobre Hitler, no pude viajar en la parte delantera del autobús. Volví a la puerta de atrás. No podía vivir donde quería. No fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a la Casa Blanca a dar la mano al Presidente”.

Aquí no acabó la ingratitud y el racismo estadounidense porque tras los Juegos de Berlin, el equipo de los Estados Unidos debía de competir en los Juegos Suecos y, naturalmente, Owens era la figura principal del conjunto USA, sin embargo no se presentó en la fecha que había sido convocado, alegando que se habia marchado a su casa para pasar unos dias con su esposa y tomarse el descanso al que se creía acreedor. Y en otra muestra de suprema ingratitud: la Federación Amateur de los Estados Unidos le aplico una “suspensión indefinida” que originó que el atleta se viera fuera de las pistas en el momento culminante de su carrera perdiendo su condición de «deportista amateur», indispensable para compear en las Olimpiadas.

Tampoco fue está la última de sus penurias porque fue estafado por un socio cuando montó una lavandería y tuvo que malvivir trabajando como pinchadiscos en un club de Jazz. También formo parte de un equipo de beisbol, y tuvo que- presuntamente- empeñar tres de sus medallas de oro de los Juegos de Berlín (de las que se desconoce su paradero). La cuarta se la entregó a su amigo, el bailarín y actor Bill “Bojangles” Robinson, en prueba de agradecimiento por ayudarle a encontrar trabajo en el mundo del espectáculo como bailarín, cantante y director de orquesta y esta medalla de la herencia de la fallecida viuda de Robinson, Elaine Plaines-Robinson  recientemente ha sido vendida por una casa de subastas en casi un millón y medio de dólares.

El pobre Jesse, continuó ganándose la vida de las más variopintas maneras. Una de ellas fue la de hacer algunas demostraciones como profesional entre las que se cuentan como una de las mas notables su competición contra un famoso caballo de carreras ( al que, por cierto, ganó)

A pesar de todo su fama no se desvaneció y el Departamento de Estado le envió al Extremo Oriente para que pronunciara conferencias sobre temas deportivos. En 1.956 concurrio a la Olimpiada de Melbourne como representante personal del general Eisenhower, por cuya candidatura trabajo como orador del partido republicano.Las condecoraciones por su gesta tardaron en llegar y en 1.976 fue premiado con la Medalla Presidencial de la Libertad de los EE.UU por Gerald Ford

 Una alegría que le duró poco ya que falleció el 31 de marzo de 1980 a los 66 años de edad debido a un cáncer de pulmón. En 1.984 le dedicaron una calle en Berlín y el 28 de marzo de 1.990 fue premiado a título póstumo con la Medalla de Oro del Congreso por George H.W.Bush.

Una triste vida para un hombre enorme. Por eso hoy debemos de acordarnos de James Cleveland Owens tan injustamente tratado y pensar en que el mundo debe combatir la discriminación racial y todas las formas de intolerancia que se llevan a cabo en el mundo.

Fuentes de información.

Luca y Mattia Quinteros. “El racismo en Estados Unidos hacia los negros

https://es.wikipedia.org/wiki/Jesse_Owens

https://worldhistoryproject.org/topics/jesse-owens

http://www.triamax.com/2015/08/04/jesse-owens/

 Fuente de las imágenes 

Acerca de mrjaen

La curiosidad es lo que me mueve a escribir

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