El término ‘polifacético’ se refiere a aquella persona que presenta aptitudes y condiciones múltiples y si hubo una en la historia merecedora de ese calificativo fue Monsieur George Louis Leclerc al que el rey Luis XV lo distinguió con el título de conde de Buffon.

Fue un hombre mas bajo que el francés promedio de su época ya que media menos de 1.65 m de estatura, pero que supo elevarse en su mundo como un coloso ya que abarcó a lo largo de su vida tareas de redacción y estilo, legislación, historia natural, medicina , botánica, matemáticas, biología, geología, cosmología y astronomía. Una actividad multidisciplinar que lo llevó a ser uno de los genios más revolucionario del siglo XVIII planteando ideas para las que no estaban preparados los contemporáneos de su tiempo.

Nació el 7 de septiembre de 1707 en Montbard,una ciudad de la región de la Borgoña francesa, en el seno de una familia rica e influyente siendo el mayor de los cinco hijos que Benjamin Francois Leclerc, un modesto funcionario tuvo con Anne Cristine Marlin, una mujer, que en 1714 heredó de su hermano una enorme fortuna con la que compró todo el pueblo de Buffon, cercano a Montbard, obteniendo el puesto de consejero en el Parlamento local de Dijon. Al ser hijo de una familia rica e influyentes, nuestro personaje tenía el futuro asegurado con solo seguir la tradición familiar que encaminaría su vida hacia la administración pública. Comenzó sus estudios en el Colegio Jesuita de Gordans de Dijon a los 16 años (1723) y de allí salió con una licenciatura en Derecho en el año 1726.

Pero George Louis Leclerc era un muchacho que se diferenciaba bastante del perfil del hijo rico de familia acomodada y pese al descontento de su familia tomó la decisión de ir a estudiar Matemáticas, Medicina y Botánica a la Universidad de Angers en 1728 en donde leyó a Newton y siguió unos cursos de medicina bajo la tutela de Nathaniel Hickman, que era un miembro de la Royal Society de Inglaterra, y que lo enseñó a analizar y comprender el mundo de las ciencias.

En aquella universidad solo duró un par de años porque en 1730, tras enfrentarse a un duelo con un oficial croata, tuvo que abandonar la misma y refugiarse en Dijon y Nantes. Tras esto decidió hacer el ‘Gran Tour’, que era un viaje por Europa de los jóvenes caballeros para completar su formación y se unió con el Duque de Kingston, un joven aristócrata inglés y Hickman su preceptor y visitó La Rochelle, Burdeos, Toulouse, Béziers y Montpellier para continuar en Italia por Turín , Milan, Génova, Florencia y Roma. En esta última ciudad a principios de 1732, recibió la noticia de que su madre había muerto y le había dejado su inmensa fortuna por lo que, con solo 25 años se convertía en uno de los hombres más ricos de Francia.

Firma de Georges Louis Leclerc “Conde de Buffon”

Aquel joven rico se instaló en París y decidió seguir formándose en diversas disciplinas académicas. Conoció a Voltaire y a otros intelectuales, y fue elegido miembro de la Real Academia de Ciencias de París el 9 de enero de 1734. Por ese tiempo conoció a Jean-Frédéric Phélypeaux, conde de Maurepas, Secretario de Estado para la Marina del rey Luis XV que estaba reorganizando la marina francesa con la finalidad de mejorar la construcción de los buques de guerra y este le pidió que estudiase la resistencia a la tracción de la madera para ayudar a la construcción de aquellos buques. Así fue como Leclerc en 1734 examinando la mejora de las propiedades de la madera realizó un estudio muy completo sobre las propiedades mecánicas de la misma y la fuerza que la misma realiza ante dos tensiones de sentido contrario, presentando sus trabajos al citado conde en los que sacaba unas conclusiones que hacían que disminuyese la sección transversal pudiendo con ello aumentar la longitud de los buques. Sus trabajos gustaron tanto al Conde de Maurepas, que lo recomendó al rey Luis XV y fue nombrado ‘intendente del Jardin du Roi’ en julio de 1739.

Se le pidió también que hiciese una descripción metódica de las colecciones conservadas en aquel gabinete real, y nuestro joven de treinta y dos años se tomó aquel trabajo con tanta pasión que empezó a hacer descripciones muy metódica de las colecciones allí conservadas. Distribuyendo su tiempo entre París y sus propios bosques en Borgoña transformó aquellos jardines reales en un museo y un centro de investigación, y amplió considerablemente los mismos con la inclusión de numerosas plantas y árboles procedentes de todo el mundo. Su dedicación a la Historia Natural le absorbería los cuarenta y nueve años que le quedaban de vida.

Continuó sus trabajos en botánica (en particular fisiología vegetal) y en el sector forestal, publicando sus obras “Des différents effets que produisent sur les Végétaux, les grandes gelées d’Hiver & les petites gelées du Printemp” (1737), ”Moyen facile d’augmenter la solidité, la force et la durée du bois” (1738), ”Mémoire sur la conservation et le rétablissement des forests” (1739) y “Expériences sur la force du bois” (1740). También publicó una traducción de la obra de Newton Método de Fluxions y infinita serie en 1740 y entre los años 1734 a 1740 incrementó notablemente su considerable fortuna.

Naturalmente una vida no solo tiene luces sino también y él se ganó grandes enemigos como el matemático y filósofo Jean le Rond D’Alembert, una de las cabezas visibles de la ilustración francesa, conocido por crear L’Encyclopédie junto con Diderot y por sus aportaciones sobre las ecuaciones diferenciales y las derivadas parciales. También en su vida familiar no tuvo mucha suerte ya que contrajo en 1752 matrimonio con una mujer mucho más joven que él llamada Françoise de Saint-Belin-Malain

Marie Françoise de Saint-Belin Malain, Comtesse de Buffon

Esta mujer, que lo dejó viudo- ya que murió prematuramente- le dio un hijo el 22 de Mayo 1764 a que llamó Georges Louis Marie Leclerc de Buffon y al que él quiso dar una educación muy cuidadosa, dirigida especialmente a las ciencias, intentando inculcarle sus inquietudes científicas. Lo mandó a un viaje de exploración con Jean Baptiste Lamarck pero aquel hijo único y heredero resultó ser un fiasco porque nunca se interesó por la ciencia y prefirió la carrera militar. Su hijo vagó por la vida gastando el dinero de su padre y tuvo un mal final porque fue detenido como sospechoso en 1793, durante aquel periodo de la Revolución Francesa conocido como ‘el Terror’ . Un tribunal revolucionario lo condenó a muerte y aquel hijo yendo al cadalso se acordó de su padre gritando : “Ciudadanos, mi nombre es Buffon” pero la gloria de Leclerc no fue suficiente para salvar a aquel hijo de la guillotina.

Georges-Louis-Marie Leclerc de Buffon.

Los fracasos familiares no afectaron a las dotes y talento de Georges Louis Leclerc que fue invitado a formar parte de la Academia Francesa, donde en 1753, pronunció su famoso ‘Discurso sobre el estilo’ que define cómo debe escribirse correctamente un texto, pronunciando su famosa sentencia: “Le style est l’homme même”, que equivale a decir que “El estilo es el hombre mismo” y que viene a decir que el fondo [de un escrito] está fuera de la personalidad de quien lo escribe mientras que el estilo del mismo es el de su propio autor.

La obra más famosa de Leclerc fue su ‘ Histoire Naturelle, générale et particulière’ una de las más influyentes entre los naturalistas, pretendía ser un tratado ilustrado  sobre los tres reinos: animal, vegetal y mineral. Su proyecto original constaba de cincuenta volúmenes, pero él sólo pudo publicar en vida treinta y seis en cuatro entregas de quince volúmenes entre 1749 y 1767, siete entre 1774 y 1789), nueve entre 1770 y 1783) y cinco entre 1783 y 1788.

Portada de uno de los volúmenes del libro

Su intención era la de hacer una obra sistemática que compendiara todos los conocimientos de la época en historia natural, geología y antropología, pero finalmente tuvo que limitarla a los reinos animal y mineral. En ella las descripciones zoológicas son brillantes y bien explicadas gráficamente

Fue una obra, escrita con un estilo brillante, aunque Leclerc –en los primeros volúmenes– olvidó el citar a Dios al explicar la historia de la Tierra por lo que el 15 de enero de 1751, la Facultad de Teología de la Sorbona lo atacó en una enérgica carta exigiéndole una retractación. Su respuesta fue una nota de disculpa, diciendo que creía “firmemente en todo lo que se decía sobre la Creación [en el Génesis], tanto sobre la cronología como sobre las circunstancias de los hechos”, y que había presentado su teoría “como una pura suposición filosófica” publicando esta carta a la Sorbona en el inicio del cuarto volumen de su Histoire naturelle en 1753, y en todas las ediciones siguientes.

Pese a estos pequeños inconvenientes el estilo fluido, brillante, y divulgativo de Leclerc hizo de su obra una de las más conocidas del Siglo de Las Luces, y aunque recibió numerosas críticas procedentes de eruditos como Voltaire, d’Alembert o Condillac él engrandeció su ego y se situó por encima del mundo que le rodeaba con actitudes no exentas de soberbia. En su volumen más famoso, el 20, ‘Les époques de la natura’ (1778) planteó que el origen de los planetas se debía al choque del Sol con un cometa errante y discutió el origen del Sistema Solar en la forma en que estaba planteado hasta el momento atreviéndose incluso a contradecir al ilustre arzobispo James Ussher que había establecido el origen de la Tierra en el año 4004 a. C, manifestando que según sus cálculos, la edad de la Tierra era de, al menos, 75 000 años. De nuevo recibiría una amenaza de la Facultad de Teología de la Sorbona advirtiéndole de que sus conclusiones eran ofensivas y, de nuevo, tuvo que retractarse para evitar más problemas (todos sabemos cómo se las gastaba la iglesia en el siglo XVIII).

También fue el precursor de la anatomía comparada, y de la transmisión de características entre generaciones (herencia) con un planteamiento similar a la pangénesis de Darwin, hablando de la fertilidad de las especies y planteando el concepto de la lucha por la existencia. En su profundo “ego” llegó a plantear la teoría de que la naturaleza en las regiones de América era de inferior calidad a la que existía en el Viejo Mundo, con escasas criaturas grandes allí y personas menos viriles lo que provocó una virulenta reacción del presidente Thomas Jefferson que envió a un destacamento de soldados para que capturasen un ejemplar de alce toro y así demostrarle la majestuosidad de los cuadrúpedos americanos (e, indirectamente, la virilidad de sus ciudadanos bípedos)

Carta de Thomas Jefferson a Leclerc

La guinda del pastel de su soberbia la puso cuando se juntó con el antropólogo alemán Johan Friedrich Blumenbach (creador de la antropología física) y ambos propusieron que Adán y Eva eran de raza caucásica y que el resto de razas habían surgido por degeneración de la misma. Leclerc llegó a pensar que la reconversión racial se podía obtener en una única generación si se controlaba el clima y la dieta.

Es lo que tiene el estar siempre “en lo más alto” pero pese a estas meteduras de pata, hay que reconocer que el gran mérito de Leclerc fue el de ser el primero que planteó el principio de que pese a la similitud de los ambientes las especies que habitaban las distintas regiones eran distintas. Esto se conoció posteriormente como la Ley de Buffon y se convirtió durante más de un siglo en el paradigma de la Biogeografía. Dicha ley, también es conocida como ley alopátrica, afirmando que “entre el Viejo y el Nuevo Mundo no hay especies de mamíferos en común”, es decir que, a pesar de que existan lugares con condiciones climáticas similares en ambos continentes, lo que determina que haya especies diferentes en ambos lugares son las causas históricas. Por ejemplo, imaginemos un bosque de coníferas en México y otro en Alemania; aunque ambos pueden ser parecidos porque se encuentran entre ciertos intervalos de altitud y con un clima similar, las especies de pinos que los habitan son diferentes y esto implica que las especies de distribución restringida (endémicas) son la regla y las especies cosmopolitas son la excepción. Además, sugirió que determinadas especies (en particular los cuadrúpedos) podían sufrir mejoras o degeneraciones cuando estas se dispersaban y enfrentaban a hábitats distintos al de su origen.

Aquellas ideas para la época clásica que va de 1760 a 1860, eran totalmente revolucionarias y por ello a monsieur Leclerc se le considera el padre del evolucionismo, y un precursor de la teoría de la evolución de Darwin aunque ambas teorías luego se diferenciarían completamente ya que a pesar de las similitudes que encontró entre simios y humanos, Leclerc desechó la posibilidad de que ambos simios tuvieran un origen común posicionándose como un monogenista declarado, que defendía que el origen de los primeros seres humanos debía de estar en Asia, cerca del mar Caspio por el clima templado que favorecería la reproducción de estos primeros hombres.

Su obra profusamente ilustrada escrita en un estilo ampuloso, fue muy leída en toda Europa y tuvo el reconocimiento del Rey Luis XV que en 1773 le otorgó el título de Conde de Buffon. Fue un reconocimiento merecido ya que aunque él pecó en muchas ocasiones de soberbia y nunca fue un enciclopedista, siempre abogó por una labor científica no mediatizada por juicios apriorísticos (especialmente de índole religiosa). En su trabajo multidisciplinario, el mismo año que fue nombrado Conde comunicó a la Academia de Ciencias en París las soluciones de algunos problemas relacionados con diversos juegos de azar empezando con unas investigaciones sobre la teoría de la probabilidad.

En aquellos tiempos hablar de probabilidad era solo una entelequia y él se anticipó a esas leyes que en la actualidad están científicamente aceptadas, haciendo interesantes contribuciones a la misma en términos de planteamiento y solución de diversos juegos de azar. En su “Essai d”Arithmétique Morale“, sección 23, “Memoire sur le jeu de franc carreau“, se encuentra el famoso problema de la aguja de Buffon del que nace la teoría de las probabilidades geométricas desarrollada poco después por Laplace en su gran tratado Teoría analítica de las probabilidades (1812). Aunque vinculada inicialmente a los juegos de azar, dicha teoría originó luego la geometría integral o estocástica contemporánea, de interés para la matemática pura y aplicada.

Y aún nos queda la medicina porque Leclerc también fue pionero en un método para tratar la ambliopía, ese ojo, “vago” o “perezoso”, que no desarrolla su visión normal durante la primera infancia, con un método para tratar esta patología basado en hacer trabajar al ojo vago penalizando el ojo sano con un parche.

George Louis Leclerc al que el rey Luis XV lo distinguió con el título de conde de Buffon fue un gran polifacético que tuvo la osadía de no involucrar a Dios en la creación y que desafió a los hombres y a la iglesia en una época como la Revolución Francesa en donde por un ‘quítame allá esas pajas’ podías acabar (como acabó su hijo) con tu cabeza separada del tronco, pero él triunfó y dejó su legado falleciendo el 16 de Abril de 1788 a los ochenta años y recibiendo unos funerales que el pueblo reserva a los príncipes, con catorce caballos enjaezados, diecinueve sirvientes, sesenta sacerdotes y un coro de treinta y seis voces que acompañaron su marcha funeral mientras veinte mil espectadores lo acompañaban por las calles, ventanas y tejados.

En su autopsia (realizada por orden suya) se encontraron cincuenta y siete cálculos biliares y un cerebro “de un tamaño algo mayor que el de un hombre común” pero que no era nada del otro mundo. ¿Cual fue su secreto? Pues que pese a tener una vida marcada por la fama y la riqueza, su ritmo de trabajo era de catorce horas diarias, e incluso cuando los cálculos biliares y otras enfermedades de la vejez empezaron a hacer estragos en su vida, jamás se desvió de su intensa labor investigadora. Quienes trabajaron con él o estaban a sus órdenes tuvieron que adaptarse a un estilo de vida que para él se basaba en una sola norma: “no perder el tiempo”.

Fuentes:

Qique Royuela. Artículo en Principia

Wikipedia

RTVE A hombros de gigantes

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La curiosidad es lo que me mueve a escribir

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