Los romanos fueron los primeros que se tomaron en serio eso de construir puentes. El puente romano es una obra en la que se aprecia el carácter eminentemente práctico de sus constructores y su gusto por las cosas sencillas y bien ejecutadas. En Roma era costumbre que el maestro de obras se colocase bajo las bóvedas y arcos del puente para que si la construcción saliese defectuosa al retirar la cimbra fuese el primero en morir. Por eso, los puentes romanos son tan sólidos que muchos de ellos aún se siguen utilizando en nuestros días.

El puente romano más habitual que conocemos está construido con materiales pétreos, pero esto no siempre fue así y en numerosos ocasiones se construyeron puentes con materiales menos duraderos como la madera; no quedan muchos restos o noticias de los mismos pero tenemos una estupenda fuente de información sobre los que fueron construidos en las campañas militares en la Columna de Trajano que se conserva en el Foro Imperial de Roma.

En dicha columna y labrado en su fuste se pueden ver diversos modelos de puentes ejecutados con barcas y plataformas de madera. Estos puentes de vigas de madera sobre caballetes son similares al que construyó Julio Cesar sobre el Rin y que describió con gran detalle en su obra “La guerra de las Galias

También en esta columna aparece un relieve del puente construido por el arquitecto Apolodoro de Damasco sobre el río Danubio que se hizo para llevar suministros a las legiones romanas que habían invadido Dacia. Durante más de mil años aquel fue el puente más largo jamás construido y estaba formado por veintiún arcos rebajados de celosías de madera de 32,50 m de luz libre – una de las mayores luces alcanzadas por los ingenieros romanos- apoyándose en pilas macizas de piedra de 44 metros de altura.

Como aquellos puentes adolecían de fragilidad, los romanos pronto dejaron de usar la madera y empezaron a usar la piedra para construimos, un material que se extraía de canteras próximas y que se empleaba en forma de grandes bloques escuadrados (sillares) para formar los paramentos externos, rellenándose el interior con mortero cementado con puzolana. Para izar estos bloques se empleaban grúas, movidas por esclavos, situados dentro de una rueda. 

El diseño más básico consistía en uno o varios arcos de medio punto (semicirculares) que se apoyaban sobre pilares alineados sobre una estructura de arcos por la que discurría la vía que atravesaba el río. A menudo construían en los pilares, tajamares salientes y a contracorriente, para reducir la erosión producida por el agua

La construcción de un puente romano empezaba por sus cimientos. Primero se seleccionaba el terreno más firme y se comprobada la resistencia del subsuelo, tras ello se colocaban las 'ataguías' que eran unas empalizadas dobles, cilíndricas o prismáticas, hechas de troncos, firmemente clavados en el suelo y unidos e impermeabilizados mediante pez y arcilla, y luego se hacía un interior estanco extrayendo el agua mediante un tornillo de Arquímedes

El tornillo de Arquímedes era una pieza clave para estas construcciones. Se trata de una máquina gravimétrica helicoidal basada en un tornillo que se hace girar dentro de un cilindro hueco, situado sobre un plano inclinado. Esta máquina permite elevar el cuerpo o fluido que se encuentre por debajo del eje de giro de este tornillo.

Aunque esta máquina lleva el nombre de Arquímedes, en realidad no fue un invento suyo ya que excavaciones recientes han establecido que los tornillos más antiguos, capaces de acarrear agua cuesta arriba, ya fueron usados para mantener frescos los Jardines Colgantes de Babilonia en el siglo VII antes de Cristo. El instrumento es tan efectivo que hoy en día aún se sigue usando en plantas de aguas residuales (depuradoras), diques para riego, bodegas (para transporte de la uva), y máquinas expendedoras de alimentos y bebidas.

Se le imputó este invento a Arquímedes de Siracusa porque él lo usó en el siglo III antes de Cristo, para sacar el agua de los navíos. Se cuenta que la gran pasión del rey Hiero II eran los barcos, por lo que se hizo construir el navío más grande de su época, el Syrakosia pero al botarlo lo embarrancó y Arquímedes a quien se le atribuye aquella famosa frase de “dadme un punto de apoyo y moveré la Tierra” le ofreció a este rey su ayuda afirmando que podía sacar el barco. El rey aceptó el reto, y Arquímedes aplicando los grandes conocimientos que tenía sobre las máquinas simples, utilizó un sistema de palancas y poleas con el citado tornillo para poner en práctica su teoría y pudo desencallar aquel navío

Así es como empezaban los romanos la construcción de sus puentes. Del interior estanco que quedaba tras la extracción del agua por el 'tornillo de Arquímedes' y en el interior de las ataguías se procedía a la construcción de los pilares que los canteros construían hasta el nivel de las impostas, las repisas salientes que marcaban el comienzo de los arcos.

Dejaban entonces paso, durante algún tiempo, a los carpinteros que colocaban las cimbras, una tablazón que servía de apoyo a la construcción de los arcos y que luego se retiraba una vez terminados los mismos. Sobre las cimbras se construían los arcos, y se disponían las dovelas hasta completar la curva.Terminados los arcos, se terminaba la superficie de la calzada,

En el caso concreto de los puentes de Hispania, se aprecia un deseo de los constructores romanos de darles unas dimensiones armoniosas, conseguidas, en ocasiones, por la igualdad de las luces de sus arcos, la simetría formal de sus alzados y las proporciones entre sus elementos. Se ha tratado de buscar un módulo constructivo en los puentes romanos de Hispania y hay que decir que las relaciones entre el módulo y las partes de la construcción de un puente romano se expresaban por números racionales, enteros, decimales o fracciones.

También se usaron los números irracionales, como √2, la diagonal de un cuadrado de lado unidad, y √5, valor obtenido en la generación sucesiva de diagonales de rectángulos de altura unidad y bases igual a √2, √3, y √4; que también están en el 'número de oro' representado desde el siglo XIX por la letra griega Φ y cuyo valor aproximado de 1,618 se obtiene a partir del cociente de dos partes de un segmento, A y B siendo A la mayor: A/B = A+B/A = (1+√5)/2 = Φ.

Estos números irracionales, como el mencionado √5 y el número de oro Φ se hallan en la construcción de los puentes romanos en Hispania en los que hay una relación con base en esos citados números irracionales. Veamos un par de ejemplos

PRIMERO: El Puente Romano de Bibei construido para el paso de la “Vía Nova”, que aún conserva la mayor parte de su fábrica primitiva y que es uno de los pocos puentes romanos acabados que se conservan en Galicia, tal ver uno de los mejor conservados de España hasta el punto de que desde el siglo pasado, la carretera N-120 (actual C.536) pasa por él para cruzar el río Bibei.

En esta obra la anchura de las pilas se basarían en dos números, el 6 y el 10-según Vitrubio dos números perfectos– el diez más antiguo, procedente del mundo griego y el seis, base de muchas relaciones de medidas. sin duda realizada con ayuda de la geometría. En el Ponte Bibei, la luz del arco menor izquierdo (6,20 m) es √2 el módulo (anchura de la pila contigua de 4,40 m), la luz del arco derecho (8,70) es el doble de este valor (√2x√2 ) y la luz central (18,60 m) tres veces la √2 del mismo (3x√2) o lo que es lo mismo el triple de la luz del arco izquierdo.

SEGUNDO: El Puente Romano de Alcántara uno de los puentes romanos más relevantes que quedan actualmente en todo el mundo y que es una de las obras de ingeniería más importantes de la Hispania romana.

Este puente fue construido entre los años 105 y 106 dC (principios del siglo II dC ) por el arquitecto romano Cayo Iulio Lacer para salvar el cauce del río Tajo y con el objetivo de facilitar la comunicación entre Norba (la actual Cáceres) y Conimbriga (la localidad portuguesa de Condeixa-a-Velha). Tiene una longitud de 214 metros sobre el citado río Tajo y se apoya sobre cinco pilares de diferentes alturas que se adaptan al terreno.

Los dos arcos centrales tienen una anchura de casi 30 metros y la altura es también impresionante, unos 48 metros en sus arcos centrales. En esta obra la anchura de las pilas es una medida de valor 9,20 pies, quizá materializada en una vara usada por el arquitecto o constructor como base unitaria de las dimensiones de la obra. El uso de este tipo de instrumento ya está atestiguado en la Biblia en el libro de Ezequiel (40,2 y ss) donde se habla de un personaje con una cuerda de lino y una vara de medir de unos cuatro metros que empleaba para mensurar el Templo.

En este puente las luces de los arcos primero y segundo, comenzando por la margen izquierda, están relacionadas según la sección áurea. Recordemos que la misma hace referencia a una proporción entre medidas consistente en la división armónica de una recta en media y extrema razón. Esto hace referencia a que el segmento menor es al segmento mayor, como éste es a la totalidad de la recta. Supone cortar una línea en dos partes desiguales de manera que el segmento mayor sea a toda la línea, como el menor es al mayor

Con estos ejemplos podemos ver cómo en Roma la ingeniería y la arquitectura iban indisolublemente unidas y ambas eran una misma profesión y los puentes romanos son un paradigma de buena construcción, ejecutada de manera sólida y estable y con la clara intención de que durasen mucho tiempo. El arquitecto del puente de Alcántara Caius Iulius Lacer así lo dejo inscrito afirmando que levantó la obra para que durase “por siempre en los siglos del mundo

Fuentes:

Alvarado, S., Durán, M., Nárdiz, C.: Puentes históricos de Galicia. Xunta de Galicia-Colegio de Ingenieros de Caminos,C. y P. Santiago de Compostela, 1990.

Liz Guiral, Jesús: El Puente de Alcántara: Arqueología e Historia. Cehopu – Fundación San Benito de Alcántara. Madrid, 1988.

Fernández Casado, Carlos: Historia del puente en España: Puentes romanos. Instituto Eduardo Torroja. Madrid, 1980.

Adam, J.P. (1989) [1996]. La construcción romana. Materiales y técnicas. León: Editorial de los Oficios.

Dilke, O.A.W. (1987). Mathematics and measurement. Londres: Publicaciones del Britih Museum.

Durán Fuentes, M. (2002). “Análisis constructivo de los puentes romanos”. Actas del I Congreso: las obras públicas romanas en Hispania. Mérida.

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