El “copyright” de los apellidos no se lo debemos solamente a Emilio Martínez-Lázaro sino que fue algo creado muchísimo tiempo antes (ni siquiera había nacido Dani Rovira). Fue cuando un «trozo de Centroeuropa» llegó a Jaén y apellidos tan sonoros como Auffinger, Eisman, Kobler, Metzveiler, Minch, Mitelbrum,Neff y Payer (y no sólo esos ocho sino también otros como Prigman, Scheffle, Scheroff, Smidt, Tecklemayer, Trunser o Yegler) se ubicaron en la parte norte gienense.

En los cementerios de pueblos como Aldeaquemada, Arquillos, Carboneras, La Carolina, Guarromán, Montizón, Navas de Tolosa y Santa Elena aún se ven tumbas con nombres en sus lápidas de inconfundible ascendencia extranjera y la huella centroeuropea en el corazón del Santo Reino se percibe por allí en empresas de nombres tan sonoros como “Westfalia” (dedicadas a la actividad minera y explotando un yacimiento bautizado con el topónimo germánico de “La Aquisgrana“) o en cosas tan cotidianas como el nombre de sus dulces típicos. En Guarromán hay unos a los que llaman “los alemanes” (deliciosos por cierto) que son unos pasteles de planchas de hojaldre hechos con bizcocho, yemas, azúcar glass y chocolate fondant.

Todo esto se debe a que hubo un tiempo en el que llegaron a la zona norte de Jaén miles de colonos de centroeuropa (principalmente alemanes, suizos y flamencos) que se asentaron en aquellos territorios para construirse una nueva vida. Eran las llamadas «Nuevas Poblaciones de Sierra Morena » que hicieron que en el siglo XVIII el tópico de “Vente a Alemania, Pepe” se cambiara por el de “Vente a Andalucía, Günther

Tras la Reconquista de España se había producido un gran vacío poblacional entre las zonas cristiana y musulmana, habiéndose creado una especie de ‘tierra de nadie‘ en la frontera de Sierra Morena. Carlos III y algunos hombres de la Ilustración de su tiempo, fueron los artífices de una gran obra: la de repoblar aquella comarca que separaba el norte del sur de España .


Retrato de Carlos III de cazador. Francisco de Goya, Museo del Prado.

A la llegada al trono de Carlos III, el índice demográfico de España era muy bajo y con una población dispar. Había zonas densamente pobladas y zonas del interior despobladas y olvidadas. Una de ellas era Sierra Morena que tenía una densidad de población de unos 18 habitantes por kilómetro cuadrado. En aquella inmensa superficie poblada de bosques y jarales, tan solo había unas pocas ventas, y sus dueños-por miedo- amparaban a bandoleros y malhechores que eran dueños de los caminos que iban de Andalucía a Castilla.
Este rey, decretó en Junio de 1761 la construcción de una carretera general entre Madrid y Cádiz que pasaba por Despeñaperros; aquella carretera fue el motor de arranque de lo que se conocería más tarde como las “Nuevas poblaciones de Sierra Morena“.

Aunque la repoblación de Sierra Morena no fue un caso aislado, sino una más de las inquietudes de los ilustrados españoles del siglo XVIII que se empeñaron en colonizar una gran parte de España, en especial la zona occidental de Andalucía, Extremadura y Castilla. Sierra Morena fue el principio y aquella iniciativa marcó la pauta para otras repoblaciones posteriores en otros lugares. El proceso de colonización abarcaba objetivos múltiples. Por una parte repoblar el «desierto humano» por el que discurría el camino de Andalucía a través del paso de Despeñaperros recién abierto y por otro que el mismo quedara más protegido del asalto de los bandoleros. 

Carlos III encargó aquellas tareas colonizadoras a sus más brillantes ministros, entre ellos Aranda, Jovellanos y Campomanes y el 28 de febrero de 1767 se aprobó aquel plan colonizador. El 5 de julio de ese mismo año también se publicó el “Fuero de las Nuevas Poblaciones” y al frente de este proyecto se colocó a uno de los hombres más brillantes de la España de entonces, el ilustrado don Pablo de Olavide, que era un hombre nacido en Lima, y cuyo avanzado gobierno desarrolló a varias ciudades de Andalucía.

D. Pablo de Olavide. Superintendente Poblaciones de Las Nuevas Poblaciones   Wikipedia 

El proyecto de colonización se aprobó el 12 de junio de 1767, nombrándose a don Pablo de Olavide como Superintendente de las mismas. El 5 de julio de ese año, se emitió la Real Cédula que contenía la Instrucción y el “Fuero de las Nuevas Poblaciones” las cuales gozarían de un régimen especial fiscal hasta el año 1835. El 17 de agosto se inició la colonización propiamente dicha en el convento de “La Peñuela” y los primeros colonos emigrados ocuparon los primeros trozos de tierra ubicadas en las inmediaciones del casco del futuro pueblo de La Carolina .

En aquel Fuero se hacían indicaciones precisas sobre el ordenamiento del territorio, la distribución de las tierras, las donaciones de ganado y los utensilios para los colonos, También se establecía su ordenamiento jurídico-administrativo y algunos aspectos educacionales, pero en su minuciosidad, el mismo también recogía una serie de disposiciones referentes a la vida de los colonos, principalmente algunas que hacían referencia a las condiciones matrimoniales entre los mismos. Todo estaba pensado, y aquellos pueblos disponían de un director, un guardalmacén, varios inspectores, un habilitado, un capellán, un médico-cirujano y un maestro de primeras letras.

Y no solo eso, aquel Fuero también regulaba con meticulosidad todos los aspectos de la vida económica y social de los colonos: los lotes de tierra que les correspondían (alrededor de 50 fanegas), el ganado, la distribución de los núcleos y aldeas, las distancias entre pueblos (entre cuarto y medio cuarto de legua), los equipamientos con que se dotaban (escuelas, depósitos, iglesias, etc) y un programa completo de ordenación pensado para hacerlas  “islas autosuficientes” en aquel territorio. Los mapas y planos levantados demuestran el carácter dirigido de esta operación de ordenación territorial y urbana. 
Aldeaquemada y Santa Elena (Jaén). Plano topográfico de la feligrecía de Joseph de Ampudia y Valdés 1791. 

Como capital de aquel gran sueño se creó La Carolina. Un pueblo distante 67 km de Jaén con 270 km cuadrados, que fue creado con el propósito de ser el centro de aquella repoblación. En la Sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Madrid, se desprende que el aparato administrativo se encontraba ubicado en “La Peñuela“, y ese fue el nombre con el que se mantuvo hasta que en 1770 pasó a denominarse definitivamente como La Carolina ( en honor a Carlos III).

La huella urbanística de aquel proyecto ha quedado reflejada en el trazado ortogonal de las calles de La Carolina que reflejan como aquellas ciudades y pueblos de las Nuevas Poblaciones tenían una marcada impronta colonial y que a partir de los ejes camineros se organizaba una trama reticular, adaptada a diversas soluciones formales en cuanto a la disposición de las parcelas y la posición de las plazas como elementos centrales del espacio urbano. Esta tipología de ciudad, posteriormente sirvió de modelo para el urbanismo americano 
Plano de La Carolina. Fuente: Atlas de la historia del territorio de Andalucía 

Pero los “oportunistas” en política siempre han existido, y una vez conocida la idea de poblar aquellas zonas desiertas andaluzas, vino un pícaro bávaro llamado Johann Kaspar von Thürriegel, que era un aventurero con ganas de hacer fortuna y que al enterarse de las ideas de que se iba a repoblar Sierra Morena acudió a Madrid en 1766 para ofrecer al rey Carlos III sus servicios
 Fuente 

Thürriegel, como buen un aventurero profesional era un hombre que se ofrecía al bando que más le pagase. Esto ya le había ocasionado el destierro de Austria pero tuvo la gran habilidad de pasar todos los filtros y codearse con la flor y nata de la corte española, hasta llegar a ser un habitual de las recepciones del Palacio Real; la treta que usó fue la de silenciar su origen y hacerse pasar por el esposo de la condesa de Schwanefeld (hija natural de Carlos VII Alberto cuando en realidad era la hija de un guardabosques muniqués). 

Con este bulo pudo acceder a los hombres de confianza del Rey y ganarse a un funcionario de la secretaria de Estado y del Despacho de la Guerra: el señor Rodríguez de Campomanes, a quien convenció para que el monarca financiase su proyecto de poblar aquellos terrenos con la introducción de colonos extranjeros en España.

Terminó consiguiendo que el gobierno español le otorgara el título de coronel del ejército y le aprobase en 1766 su propuesta de introducir en Sierra Morena colonos de Alemania y Flandes y-concretamente- aquel oficial bávaro se comprometió a traer a Sierra Morena a 6.000 colonos centroeuropeos de ambos sexos, todos católicos, labradores o artesanos.

Su plan era un mero “un lucro económico” ya que la Corona le pagaría por cada uno de sus colonos 326 reales de vellón y con estas premisas se dedicó a reclutar a gente “de todo pelo” aprovechando la crisis que vivía toda Europa, consiguiendo que muchas personas se apuntasen al proyecto principalmente del norte de Francia, Países Bajos, Austria, Italia, Suiza. Bélgica y Alemania. A cada uno se le había prometido un lote de tierras, diversos animales y aperos de labranza, así como la exención de pagar tributos durante diez años, gracias a un fuero especial asignado. 

El modelo de vivienda ofrecida constaba de una crujía dividida en dos plantas con una estrecha escalera que conducía ,en el plano superior, a un granero y que marcaba dos espacios bien diferenciados: la cocina- comedor y la habitación. En ocasiones detrás de cada casa se también se situaba un corral, y generalmente, a las casas primitivas se les añadía otra crujía con dos habitaciones más. En el siguiente vídeo podemos ver una recreación del aspecto que mostraban aquellas casas de los colonos 

Debido a la falta de escrúpulos de Thürriegel al reclutar a sus colonos el proyecto estuvo a punto de fracasar. Parece ser que este hombre hizo su reclutamiento en breve tiempo y que la selección de los colonos no respondió a lo establecido en el contrato ya que se trajo a personas poco cualificadas para las labores del campo, a enfermos, ancianos, vagabundos, gentes sin oficio, y por lo general, a gente que rehuía del trabajo de la tierra

 Por eso, apenas transcurrido un año del inicio de la colonización, ya comenzaron a gestarse las primeras acusaciones hacia el gobierno de Olavide, por pueblos vecinos que habían visto mermadas sus tierra y un tal Yauch, Mayor del cantón de Uri elevó un memorial al rey, el 14 de marzo de 1769, acusando de abusos y malos tratos dados a los pobladores extranjeros, en particular a las familias suizas, a las que por cierto, se les obligaba a abjurar de su fe protestante ante el Tribunal del Santo Oficio

También hubo epidemias, hambrunas y malas cosechas y el gran proyecto de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, soñado por Carlos III y Olavide entró en una profunda crisis económica que obligó a muchos de los descendientes de los primeros colonos a emigrar hacia otros puntos de España e incluso volver a la tierra de origen de sus padres y/o abuelos. Al final en 1835 estas áreas pobladas se incorporaron al régimen jurídico de la nación española por el Real Decreto de 5 de Marzo de 1835 promulgado por la reina regente.

Afortunadamente don Pablo de Olavide, no hizo caso al cien por cien de lo que decía aquel “Fuero de las Nuevas Poblaciones” (que prohibía la admisión de españoles) y empezó a admitir a familias hispanas que en vista de las ganancias que se originaban a muchas familias convertidas de jornaleros a colonos, provocó que muchas familias españolas solicitaran su ingreso alli. Esto salvó el proyecto y aunque hubo muchas bajas de familias extranjeraspor muerte o deserción, las familias españolas empezaron a suplir a las extranjeras, y ello sin demasiados costos para la superintendencia. Con esto nació así en 1769 la figura del “medio colono” y cada matrimonio con un hijo recibía siete reales semanales; los matrimonios con dos o tres hijos, diez reales y las familias con más de cuatro hijos, 12 reales a la semana 

El propio Fuero de aquellas poblaciones fijaba la presencia de colonos hispanos de esta forma: «en cada lugar puede ser útil admitir desde luego, dos o más vecinos españoles especialmente de Murcia, Valencia, Cataluña, Aragón, Navarra y toda la costa septentrional de Galicia, Asturias, Montañas, Vizcaya y Guipúzcoa, para que se reúnan con los naturales haciendo matrimonio recíproco, quedando sujetos a las mismas reglas que los colonos extranjeros» y don Pablo de Olavide se acogió a este truco y por esa razón a los nueve años de iniciada la colonización, buena parte de los colonos ya eran de origen español y las familias extranjeras fueron diluyéndose entre las hispánicas. 

Por eso todavía podemos encontrarnos en la zona norte de Jaén a personas rubias, altas, con piel y ojos claros, pero que son “andaluces de pura cepa“.También hay algunas con apellidos muy curiosos. Una vez conocí en un hotel de la zona a una mujer de la limpieza que con el característico acento de la tierra andaluza “del ronquío” ni siquiera sabía nombrar sus apellidos: Antxeta Scheffle

Fuentes:

Ana M.Gómez.Carlos III y las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía” Universidad de Granada (España) 

Reglas para las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Fuero de sus pobladores“, Novísima Recopilación

Las nuevas poblaciones de Sierra Morena bajo la superintendencia de don Pedro Pérez Valiente: oficios y colonos“. Josefina Castilla Soto.

Junta de Andalucía. “Atlas de la Historia del Territorio de Andalucía

Avilés Fernández, M; Sena Medina G.”Las Nuevas Poblaciones de Carlos III en Sierra Morena y Andalucía“. Actas del I Congreso Histórico. La Carolina 1983     

La llegada de los colones alemanes a Sierra Morena”. Maria Lara Martines. Revista National Geographic

Quiros, Bernardo de. “Colonización y Subversión en la Andalucía de los s. XVIII-XIX” Ed. Editoriales Andaluzas Unidas, S.A., Sevilla 1986

Centro de Interpretación e Investigación de las Nuevas Poblaciones. http://www.turismolacarolina.es/

Acerca de mrjaen

La curiosidad es lo que me mueve a escribir

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  1. Gabriel Tamayo dice:

    Siempre he oído hablar de La Carolina y de las Nuevas Poblaciones sin embargo nunca me he parado a pensar en el origen y la relación entre ambas. Yo recuerdo un compañero de los maristas que se llamaba Ramón Poblaciones y era oriundo de La Carolina. Supongo que su apellido le venía de su propio origen. Es realmente curioso ver cómo nuestros antepasados se preocupaban de problemas con visión de futuro. Igual que ahora…. ya me entiendes amigo Manolo, un abrazo y una vez más gracias por hacerme un poco más culto.

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