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La Astrología tiene sus adeptos y sus detractores. Estos últimos se basan en que en la misma no existe una evidencia científica que explique la razón del por qué los astros influyen en el comportamiento humano. Sin embargo, la India en el mes de Febrero del 2011 promulgó la “validez científica de la astrología” poniéndola en igualdad con disciplinas tan consolidadas como la astronomía, la física o la biología. Aquella decisión que fue tomada tras celebrarse un juicio instado por el grupo no-gubernamental Janhit Manch que solicitaba a la Corte Suprema hindú que prohibiese la literatura y los afiches pro-astrología (además del Feng Shui, Tarot y otras prácticas) por “no considerarlos científicos”. La Corte Suprema de la India decidió rechazar aquella apelación, y terminó fallando que la Astrología puede ser considerada “una disciplina científica

¿Quién tiene razón? ¿Es la Astrología una ciencia? Para responder a esta pregunta deberíamos de empezar diciendo que se trata de una disciplina que necesita cierto “serio estudio” para ser comprendida en profundidad. Sólo por eso, ya se acerca un poco a lo que podría considerarse como “una disciplina científica“, pero en realidad la misma ha caído en el descrédito y eso se lo debemos a un montón de charlatanes sin escrúpulos que la han usado de una forma detestable. Se trata de los llamados “horóscopos” que se publican todos los días en los periódicos y revistas y que son lo que más desprestigia a la Astrología. Los horóscopos se basan en una especie de “psicología barata” que quieren convencer a sus lectores de que van a predecir su futuro (por cierto que los que los leen ya están predispuestos a creer en sus pronósticos como una especie “manuales de autoayuda”) pero nada más lejos de la realidad. Los “astrólogos serios” consideran a los horóscopos como “versiones pervertidas de su disciplina”, destinadas al consumo masivo y sin ninguna base científica.

Los horóscopos de los periódicos se basan en la “posición del Sol” del día de nacimiento de una persona. que es lo que determina su llamado “signo zodiacal“; es decir, que si has nacido-por ejemplo- en el período comprendido entre el 20 de Marzo y el 20 de Abril eres del “signo Aries” y desde ahí intentan “igualar” el destino de todos los millares de personas, que han nacido bajo ese signo de Aries. Como se puede comprobar, esto es una absoluta estupidez.

Una “Carta Astral“ es algo único e individual para una persona determinada y contempla no sólo la posición del Sol, sino otros aspectos como las “Casas”, el “Ascendente” (ASC) el “Descendente” (DSC), el “Medio Cielo” (MC), el “Bajo Cielo” (IC) y las relaciones de distancias que existen entre los distintos planetas. No voy a dar aquí a dar un “tratado de astrología” porque excedería con mucho las intenciones de este artículo, pero si diré que he visto levantar algunas y el astrólogo suele tener en cuenta las efemérides astronómicas, unas tablas con las latitudes y longitudes del lugar de nacimiento del sujeto analizado, unas tablas de “tiempo sideral” (TS) y otras de horas estivales (hora de verano), así como una tablas que ellos llaman “de las casas” con su posición para cada latitud y hora. Se trata de algo muy complejo y para mi, se acerca bastante a lo que podría considerarse como “una disciplina científica“.

Otra cosa que ha desprestigiado también a la Astrología es el considerarla como “una disciplina adivinatoria” y nada más lejos de la realidad porque se trata en realidad de “una herramienta de conocimiento“. La astrología nunca puede predecir el futuro y se limita solamente a expresar lo que sería la tendencia vital de un individuo y cómo la misma podría aproximarse a ese futuro. Intentaré explicarlo con un ejemplo. Imaginemos que la vida es una pendiente por la que una persona se desliza. Si la misma parte de un punto A y se deja llevar, el peso de su cuerpo lo haría caer hasta un punto B al final de esa pendiente. La astrología lo que intenta adivinar es “cual sería la posición lógica de ese punto B” o sea cual podría ser el “destino lógico” de una persona en su vida. Lo que pasa es que en la vida real, esa persona al caer va agarrándose a los obstáculos que encuentra en su camino y hace movimientos en su descenso, por lo que el resultado final es que ” nunca termina en ese punto B teorico” sino en otro muy distinto, y esa es la clave de una “Carta Astral“; que “sólo te orienta sobre tu destino” sin intentar adivinarlo . En breves palabras: la astrología “rige pero no dirige” y el libre albedrío del hombre es el que realmente marca su destino.

Pero bien usada, la Astrología es una estupenda “herramienta de conocimiento“. He visto algunas cartas astrales porque conozco a una persona que las hace (y muy bien por cierto) y os puedo asegurar que las mismas consiguen adivinar casi el 80% del carácter de una persona y esta reconoce al leerlas que se ha acertado un montón de cosas sobre su personalidad que el autor de la carta desconocía “a priori”.

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La vieja astrología, se remonta a una época muy antigua. Tan antigua que podemos considerarla como una de las disciplinas más antiguas que se tiene conocimiento. A.B. Grimaldi en su obra “L´origine et le sens des signes du Zodiaque” (Paris, 1899) nos dice que el primer astrólogo fue Set, pero no aquel Set divino de la mitología egipcia, sino el personaje del Antiguo Testamento, que era el tercer hijo de Adán y Eva. Se cuenta que Set, vivió novecientos años y que enseñó a sus descendientes, la astrología, junto con otros saberes liberales. Yo no se sí esto será verdad, pero aun cuando la astrología tradicional no hubiese derivado del Set bíblico, la realidad es que tiene un origen antiquísimo.

Los caldeos empezaron a usarla apoyándose en la contemplación directa de los astros y la mezclaron con la mística visionaria de sus cultos religiosos y sus reyes solían descansar, por consejo de sus astrólogos entre los ciclos del primer cuarto creciente y de la luna llena. La imagen siguiente es la estela de Ur Nammu (2100 a.d.C.) que representa las principales divinidades de la cultura asirio-babilónica con el sacerdote-astrólogo invocando al Sol y la Luna para dar protección al personaje real sentado frente a él

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El paso de aquella “astrología colectiva” a “la astrología individual” empezó cuando la ciencia caldea tomó contacto con la filosofía griega. Hiparco (130 a.d.C) que fue un gran matemático al que debemos los fundamentos de la trigonometría, comprobó el fenómeno de la precisión de los equinoccios, la oblicuidad de la eclíptica, la excentricidad de la órbita solar, la paralaje horizontal de la luna, etc. y sus contemporáneos aceptaron con gran entusiasmo aquellos descubrimientos; quienes se ocupaban de la astrología, incorporaron aquellos fundamentos teóricos a la misma y también por aquellos tiempos, empezaron a estrecharse las relaciones entre la astrología y la medicina, creándose un sistema de “correspondencias astrológicas”, entre las constelaciones zodiacales y las diversas partes del cuerpo humano. Hipócrates, padre de la medicina, escribió sus recomendaciones médicas basándose en la influencia de los astros.

Y así la astrología fue enriqueciéndose con nuevos conocimientos y desprendiéndose del “misticismo“, por lo que poco a poco, fue adquiriendo en la antigüedad el status de “ciencia”. El gran astrólogo y astrónomo, Claudio Ptolomeo que vivió entre los años 100 y 170 d. C., trabajó en Egipto (se cree en la famosa Biblioteca de Alejandría entre los años 127 y 145 d. C) e inició el desarrollo de la “astrología con su libro “Tetrabiblos” que puede considerarse como “el primer tratado científico astrológico ” . En el mismo ya nos hablaba de las “estrellas fijas” y de “los signos del Zodíaco”. Con la caída del Imperio romano de Occidente (476 d.d C.) la cultura de la civilización grecorromana experimentó un dramático retroceso y a la astrología le sucedió lo mismo, pero este periodo de estancamiento cultural de Occidente fue contrarrestado por un florecimiento de todas las artes y las ciencias en Oriente, donde la escisión entre astrología y astronomía nunca existió. Los árabes que habían heredaron de los griegos la astrología, la desarrollaron grandemente entre los siglos VII y IX y contribuyeron a su gran desarrollo y esplendor, traduciendo del griego y del persa todos sus libros científicos y construyendo un observatorio astronómico en Bagdad. La imagen siguiente representa dos miniaturas de la primera mitad del s. XV de un tratado islámico de astrología de origen turco. El de la izquierda del signo Géminis y el de la derecha del signo Aries exaltando los valores musulmanes del arte guerrero

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Gracias a los árabes la astrología volvió a Occidente y empezó a enseñarse en las cátedras universitarias. Entre los astrólogos más famosos de aquellos tiempos se encuentra Albatenio (850-929) que fue el inventor del sistema de “casas celestes”. La astrología medieval fue cultivada por los italianos y los alemanes y a las puertas del siglo XV ya se habían establecido sólidas relaciones entre la astrología y la astronomía, ambas ciencias que se estudiaban en la universidades italianas y alemanas. Una importante contribución a la astrología, la aportó el astrónomo alemán Juan Müller, conocido en el siglo XV con el apodo de “Regiomontano” que publicó las primeras “efemérides astronómicas”. Igual importancia tuvieron en el siglo XVII los trabajos del perusino Didaco Placido de Titti, después y poco a poco empezó a iniciarse una ruptura entre la astrología y la astronomía y la controversia empezó con los debates entre Pico della Mirándola (1463-1495) y Marsilio Ficino (1413-1499). El primero defendía que el hombre estaba sujeto a Dios sin ninguna influencia de los astros y el segundo era un ferviente defensor de la astrología pero aún así y entre los años 1500 y 1700 la astrología siguió practicándose en todas las cortes europeas aunque más como “instrumento de adivinación” que “de conocimiento” y en el siglo XVI su autoridad era tan grande que a los astrólogos recurrían papas, reyes, príncipes y hombres de Estado.

Es decir que se consideraba claramente “como una ciencia“. El mismo Galileo (1564-1642) la practicó en múltiples ocasiones, aunque también hubo visionarios lunáticos como Johannes Kepler (1571-1630) que dijeron un montón de tonterías. Este último sostenía la creencia de que los astros emitían una radiación particular extrafisica que influía directamente en los seres humanos y en su obra “La armonía del Universo” nos lo muestra como un gigantesco órgano que, sin interrumpir jamás su música, llena los infinitos espacios de la creación, e igual que el éter transmite la música y las palabras, para que el alma humana sea capaz de vibrar con el mismo ritmo que los cuerpos celestes. Exagerado, sin ningún género de duda.

Pero “hombres de ciencia“, tan importantes como Isaac Newton también usaron la astrología para tomar algunas de sus decisiones. La cosa acabó a finales del siglo XVII, y tras trescientos años de polémicas, prevaleció el “rigor científico” sobre el “saber antiguo” y la astrología fue relegada al olvido. En 1665 Colbert, fundador de la Academia de Ciencias de Francia, prohibió su enseñanza y hasta finales del siglo XIX la misma no volvió a considerase como objeto de interés y estudio

Y así llegamos a nuestra “astrología moderna” que está basada en la supuesta influencia de los astros sobre las personas. ¿Se trata esto de una ciencia? Como ya dije al principio, esto es muy discutible, pero no debemos de olvidarnos de que la unidad de materia más pequeña conocida- el átomo– se compone de electrones y de protones que-en el verdadero sentido de la palabra- forman un “microcosmos” cuyas leyes se podrían corresponderse con las del “macrocosmos” (nuestro sistema solar) y que los electrones de la materia con que está formado nuestro cuerpo giran alrededor del núcleo positivo de los protones de forma similar a como giran los cuerpos celestes lo hacen en torno a un astro principal. Las fuerzas que impide que esos electrones se precipiten sobre el núcleo podrían complementarse con las leyes que rigen la teoría de los campos electromagnéticos del universo. Todo esto es pura teoría pero si los cuerpos celestes emiten energía, el que cada fotón luminoso emitido por ellos pueda llegar hasta nosotros acompañado de su propia energía electromagnética y que cuando nacemos, los campos electromagnéticos del Sol, la Luna y de los distintos planetas pudieran llegar a alcanzar los átomos de nuestro cuerpo, y determinar la posición de los electrones y protones del mismo tampoco es descabellado ¿Acaso no influye la Luna directamente en las mareas de los océanos y en todas las aguas del planeta? ¿Por qué no podría influir en el ser humano que está compuesto por un 75% de líquidos?

Pero yo no voy a defender el que “los astros influyan sobre las personas” sino manifestar simplemente que a la Astrología “hay que respetarla por su antigüedad“; sea o no una ciencia, el hecho es que las investigaciones de los cientos de miles de personas que se han dedicado a la misma desde la más remota antigüedad, nos proporcionan una abundantísima bibliografía y una base estadística muy extensa y fiable para “predecir comportamientos”. Se trataría- en este caso de “una gran base de datos” que acierta en un altísimo porcentaje en sus predicciones. Por ejemplo, si a mí un astrólogo me dice que “tengo a la Luna en Capricornio” y que eso significa que mi personalidad será fuerte y que no retrocederé jamás para lograr mis fines y luego compruebo que a lo largo de la historia se han hecho cartas astrales a personajes como Napoleón, Bismarck o Hitler, que “tenían la Luna en esta misma posición” pues.. tendré que creérmelo.

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