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Los historiadores no acaban de ponerse de acuerdo acerca de las motivaciones de aquellas guerras llamadas “las Cruzadas” emprendidas por los cristianos contra el Islam entre los años 1095 a 1272. Hoy voy a hablar de tres líneas de interpretación de las mismas representadas en tres interesantes libros que han caído en mis manos. Los tres tienen “luces y sombras” por lo que quiero dar hoy mi punto de vista sobre sus opiniones

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Empecemos por el primero en donde se recoge la historiografía tradicional sobre estos hechos históricos. Se trata del libro “Las Cruzadas – Peregrinaje armado y guerra santa” del reconocido medievalista, Geoffrey Hindley que sostiene la versión de que los europeos trataron de recuperar Jerusalén, por motivos religiosos

El segundo libro recoge la teoría interpretativa defendida por el escritor ruso Mijail Zaborov . El libro se titula “Historia de las cruzadas” y en el mismo nos las presenta como una consecuencia de las ambiciones económica, de sus participantes, con un mero afán de conquistas militares para su enriquecimiento económico recurriendo a argumentos economicistas.

Y finalmente, el tercer libro nos da la la interpretación presentada desde “el lado musulmán”. Está escrito por el escritor libanés Amin Maalouf (Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2010) y se titula “Las Cruzadas Vistas por los Árabes”. En el mismo y a través de una investigación histórica a partir de crónicas árabes de la época, Maalouf nos presenta a las Cruzadas simplemente como una agresión bárbara e inhumana contra el pueblo árabe.

Los tres libros tienen razón en parte, pero en ninguno se nos cuenta la historia “como realmente fue” por lo que para entender el impulso que movió a los cruzados, voy a centrarme en aquel nudo de acontecimientos que se desarrollaron durante el lustro transcurrido entre los años 1095 a 1099 y que han sido llamados como “Primera Cruzada” . La génesis de la misma está muy bien resumida en este enlace pero yo voy a ir un poco más allá

¿Que nos dice el primer libro? Pues que la conquista de Jerusalén fue motivado por el “objetivo cristiano ” de recuperar aquella ciudad “Santa” para los cruzados medievales. ¿Es eso cierto? En parte porque la razón profunda estuvo en el devenir histórico de aquel lugar donde las tres grandes religiones monoteístas, judía, islámica y cristiana pusieron siempre sus intereses.

La devoción cristiana por Jerusalén se remonta a los primeros años de nuestra era, cuando su primer Obispo Santiago el Menor encomendó a un grupo de piadosos cenobitas la custodia del Sepulcro en el que el se depositó el cuerpo de Jesucristo tras su muerte en la Cruz. Los cristianos estuvieron sometidos al Imperio Romano,hasta que el emperador Constantino el Magno abrazó el cristianismo el año 312. Al año siguiente, su madre, Santa Elena, viajó a Jerusalén para buscar el Santo Sepulcro y mandó edificar allí un suntuoso templo en honor de la Resurrección de Cristo, que fue construido alrededor de la piedra del Gólgota. Este templo se convirtió en el punto de atracción de las peregrinaciones del orbe cristiano hasta que en el año 612 los persas se apoderaron de Jerusalén y se apropiaron de la reliquia de la Santa Cruz como trofeo de guerra . Un sacrilegio que sería el factor decisivo que convulsionaría a la cristiandad.

Los bizantinos a través de su emperador Heraclio reunieron un gran ejército y derrotaron al imperio persa en el año 630 y asi fue como Heraclio reintegró a Jerusalén la “reliquia de la Santa Cruz” pero aquel esfuerzo bélico agotó los recursos de aquel imperio y con su debilidad militar empezó la gran expansión de su nuevo enemigo. El Islam. En el año 638 Jerusalén volvió quedar en manos árabes y aunque al principio las autoridades musulmanas se mostraron tolerantes con los peregrinos cristianos, dejándolos ir a los Santos Lugares a cambio del pago de un tributo, fue en el siglo XI cuando aparecieron los turcos selyúcidas establecidos en Asia Menor donde empezó el problema.

En el 1055, estos turcos destruyeron el Imperio Árabe de Bagdad y la antigua “tolerancia” árabe se convirtió en “intransigencia religiosa” contra los cristianos de Palestina, persiguiéndolos por sus creencias, y eso hizo imposible el continuar con las peregrinaciones a Tierra Santa por lo que esta “intransigencia religiosa” fue el primer “revulsivo” que calentó al Occidente Cristiano para pensar en reconquistar Jerusalén, pero tampoco fue esa la razón final y hay que encontrar otra más que no nos cuenta ninguno de los tres libros y que está basada en EL VERDADERO PAPEL DE LA IGLESIA en la génesis de las Cruzada”

Todo empezó con el Papa Gregorio VII

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Este papa fue elevado al pontificado en el año 1073 y fue un prelado que hizo grandes reformas en la iglesia, luchando contra el “concubinato de los clérigos” y contra “la compra-venta de los cargos eclesiásticos”; incluso tuvo el valor de “enfrentarse a los reyes de su época” confrontando Pontificado e Imperio con sus “Dictatus papae”, promulgados en 1075, que iban en la dirección de situar “la autoridad del Papa” por encima de los distintos poderes temporales, incluidos los de los Monarcas

Pero el sueño de Gregorio VII era el de reafirmar el “poder de la cristiandad” y el extender la supremacía católica sobre los dominios del Imperio Bizantino, por lo que entre sus planes estaba el hacer una expedición militar contra Oriente. Lamentablemente
no pudo hacerlo porque le salió un acérrimo rival en la persona del emperador del Sacro Imperio Enrique IV, (1050-1106) que lo tachó de “falso monje” en una insultante carta enviada en 1074 y que en 1075 ya le manifestó su malestar por los decretos del sínodo romano de ese año contra la investidura laica que los reformadores asimilaban a la simonía.

Gregorio VII no se arrugó y excomulgó a Enrique IV. Accedió a levantársela tras una humillante peregrinación de aquel monarca con su esposa en Enero de 1077 a su refugio de Canossa y aquel Emperador, eso no se lo perdonó nunca. Hizo mas y fue que con la colaboración de un cierto número de prelado nombró otro Papa (“Antipapa” en la relación oficial de pontífices) en la persona del arzobispo Guido de Ravena que tomó el nombre de Clemente III

Cuando Gregorio VII murió en Roma el 25 de mayo de 1085 le sucedió Víctor III, que tuvo un papado efímero porque murió el 16 de septiembre de 1087 y es entonces cuando entra escena el verdadero “desencadenante de las cruzadas” . Un hombre brillante procedente de la nobleza francesa, llamado Odón de Lagery, que había estudiado en Reims bajo la disciplina de San Bruno y que se había retirado a la abadía de Cluny bajo el nombre de Hugo el Grande. El Papa Gregorio VII lo había llamado ya a Roma para que lo ayudara con su gobierno y su reforma eclesiástica y a la muerte de Víctor III en el año 1088, lo nombraron Papa con el nombre de Urbano II

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Pero no pudo ocupar su trono porque allí seguía el “Antipapa Clemente III” por lo que en el verano de 1094 abandonó Roma, ciudad en la que se encontraba prácticamente asediado, e inició un viaje por Italia y Francia para legitimarse como Pontífice. Es en el contexto de aquel difícil viaje entre 1094 a 1095 cuando debemos situar el inicio de la Primera Cruzada.

En el año 1095, Urbano II convocó un concilio en Clermont para tratar sobre diversos problemas relacionados con la disciplina eclesiástica de Francia, pero al final del mismo, concretamente el 27 de Noviembre de aquel año, decidió retomar las aspiraciones de su antecesor Gregorio VII e hizo un “encendido discurso” en presencia, no sólo de los prelados, sino también de muchos laicos allí congregados y de “milites” (miembros de los turbulentos grupos feudo-caballerescos, de las guerras intestinas). En ese discurso incitó a todos los cristianos a “recuperar los lugares sagrados de Palestina”, prometiendo indulgencias” a los guerreros. De aquel discurso nos han llegado cinco versiones, todas indirectas. Una de un caballero anónimo y laico del séquito de Bohemundo I, otra de Ghiberto, abad del monasterio benedictino de Santa María de Nogent, otra de Roberto, monje de Saint-Remi de Reims, pero las más fiable de todas es la del clérigo Fulcherio de Chartres que fue un testigo ocular de aquella alocución pontificia. Este es el texto de la llamada del Papa Urbano II en Clermont según este cronista (De la “Historia Hierosolymitana”, en “Recueil des Historiens des croisades. Historiens Occidentaux”, Paris 1841, vol III, páginas 323-324)

Puesto que, oh hijos de Dios, habéis prometido mantener la paz entre vosotros y custodiar fielmente la leyes con mayor afán de lo que suele hacerse, conviene que empeñéis la fuerza de vuestra honestidad en otro servicio en aprovechamiento de Dios y vuestro. Es necesario que os aprestéis a socorrer a vuestros hermanos orientales que necesitan de vuestra ayuda. Me refiero a los turcos, gente procedente de Persia y dada a la guerra que ha venido ocupando las tierras cristianas (….) Por lo cual os exhorto, y no solo yo, sino Dios también, como heraldos de Cristo, a todos, cualesquiera que sea vuestra condición para que acudáis prestos en ayuda de los cristianos para barrer a esa estirpe malvada. Lo digo a los presentes y lo ordeno a los ausentes. A los que pierdan la vida durante el trascurso del viaje, la travesía o la batalla contra los infieles les serán perdonados todos sus pecados”.

Así es que Urbano II con aquellas palabras lo que en realidad estaba haciendo era “poner en valor” el viejo proyecto de Gregorio VII de la “expedición oriental”. Luego ocurrió otra cosa y es que sus palabras fueron difundidas por una multitud de “profetas” y predicadores errantes que se dedicaron a magnificarlas interpretándolas como “señales del fin de los tiempos”, con la llegada del Anticristo y la proximidad del Juicio Universal. Entre los principales estuvo un monje vagabundo llamado Pedro de Amiens, más conocido como “Pedro el Ermitaño

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Este era un hombre de pequeña talla, faz enjuta, larga barba y ojos negros llenos de pasión, con una túnica de lana, pero su aspecto era el de un auténtico asceta y las multitudes lo veneraban como si fuera un santo. Recorrió los burgos y campos de Italia y Francia predicando “la Cruzada de los humildes” con este mensaje : “Una voz divina me ordena instar a todos que abandonen sus tierras y posesiones para llevar a cabo la peregrinación y veneración del Santo Sepulcro, y que se empleen con todas sus fuerzas para rescatar Jerusalén del poder de los agarenos” y así llego a reunir una abigarrada muchedumbre de más de 100.000 personas, entre hombres, mujeres y niños, convenciendo a sus oyentes de que “el mundo había llegado a su fin” y que el reino de los Cielos estaba próximo. En Jerusalén se cumpliría “una segunda venida de Cristo” y-obviamente- “había que estar allí”.

En el libro de Mijail Zaborov se nos indica un punto de vista distinto y el mismo nos cuenta que aquellas guerras, en realidad respondieron a la necesidad de las realezas occidentales de “expansionarse por la falta de dinero”. Sólo tiene razón en parte y es que en los primeros siglos del Medioevo, la aristocracia laica tenía una necesidad constante de “dinero en efectivo” y como el noble del siglo XI sólo sabía “gastar la riqueza” solía tener problemas económicos, que se agravaban por los gastos que suponía “armar a un caballero y mantenerlo con su séquito”. No era raro que muchas familias de la nobleza, tuvieran que pedir dinero prestado, y aceptar altas tasas de interés por el mismo, lo que los llevaba a la bancarrota. Así es que desde esta óptica, lo que afirma Zaborov, tiene sentido y podría ser lógico que los Cruzados se desplazaran a Oriente Próximo movidos por “intereses económicos” para conquistar nuevas tierras ubérrimas y opulentas y obtener “ricos botines de guerra” con que llenar sus vacías arcas.

Pero, contrario a lo que afirma Zaborov también hubo millares de personas de todas las clases sociales, que gritaban “¡Dios lo quiere! ¡Dios lo quiere!” y que se reunían en torno del Papa, para recibir la cruz de paño rojo de señal de que tomaban parte en la campaña y también hubo nobles caballeros a los que sólo les movió el “interés de aventura” como Roberto, duque de Normandía, e hijo de Guillermo el Conquistador que había perdido la herencia política de su padre. A otros los impulsó el “factor religioso” como a Raimundo de Provenza, imbuido por aquella religiosidad popular de sus propias tierras que luego floreció con la secta herética de “los cátaros” y finalmente también hubo “cruzados altruistas” como Stefano, conde de Blois y de Chartres, uno de los más ricos y poderosos nobles de Francia o el príncipe Hugo, hermano del mismísimo rey de Francia, y si alguna vez hubo un guerrero, símbolo del “verdadero Cruzado” (totalmente opuesto al “arquetipo de Zaborov) ese fue Godofredo de Bouillon, un orgulloso celta que vendió sus tierras para irse a guerrear

Pero también tiene razón Zaborov en decir que “a muchos cruzados les movió la ambición” y el caso más representativo es el de Bohemundo de Altavilla (también llamado “de Tarento), primogénito de Roberto Guiscardo, príncipe de aquella ciudad, que había perdido la pugna por el predominio familiar con respecto a su hermanastro Rogerio que hizo de las cruzadas “un buen negocio” . Este fue perfecto cruzado que responde al arquetipo de Mijail Zaborov

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Y adelantándose a todos, pasó el estrecho de Lombardía con ochenta mil hombres a pie y cien mil a caballo alcanzando Constantinopla, para desde allí tomar posiciones frente a Antioquía en octubre de 1097, y conquistar esta ciudad proclamándolo emperador de la misma

En cuanto a la “versión árabe” de Amin Maalouf, en su libro se nos muestra a los Cruzados como unos tipos viles en una sucesión de batallas, alianzas, traiciones y degollinas. También tiene algo de razón, sobretodo porque eran unos personajes bárbaros y fanáticos que estaban muy por debajo de la avanzada y tolerante sociedad árabe del siglo XI que era “la civilización más avanzada del planeta” tanto en justicia, como en ciencia y medicina. Amin Maalouf nos cuenta verdaderas atrocidades contra el mundo árabe (asedios con catapultas que lanzaban cabezas cortadas de los prisioneros) y yo he leído que en la toma de Jerusalén, hubo una “orgía de sangre” derramada por los cruzados en un afán de “aprovechar aquella ocasión” y enriquecerse a costa de los bienes del enemigo vencido pero se equivoca el amigo Maalouf al afirmar que fue el mundo árabe el que “lo pasó peor” ya que si hubo un pueblo que “lo pasó realmente mal” ese fue “el pueblo hebreo”. Los cruzados hicieron numerosas matanzas de judíos a lo largo de las cuencas de los ríos Reno y Danubio y se ensañaron con esta etnia que era muy odiada en Europa. Un relato sacado de la “Historia Hierosolymitana” del cronista Alberto de Aquisgrán nos cuenta que en Mayo de 1096 los peregrinos armados en Colonia al toparse con un grupo de judíos, hirieron de muerte a muchos de ellos y fueron a sus casas y sinagogas para repartirse el botín. Incluso las mismas madres les cortaban el cuello a su hijos lactantes o los ahogaban, prefiriendo matarlos con sus propias manos antes que dejar que lo hicieran los circuncisos.

Como podemos ver los tres relatos que cito de aquellas efemérides tienen sólo “parte de razón” porque la Historia es mucho más compleja de lo que parece

Fuentes:

Otras fuentes consultadas:

    César Vidal. “¿Fueron las Cruzadas fruto de un simple interés material?”
    Textos de Franco Cardini. Profesor de Historia Medieval y Luis Valero de Bernabé. Historiador experto en Órdenes de Caballería
    Mijail Zaborov. Libro: “Historia de las cruzadas”
    Amin Maalouf. Libro: “Las Cruzadas Vistas por los Árabes”
    Geoffrey Hindley. Libro: “Las Cruzadas – Peregrinaje armado y guerra santa”

Acerca de mrjaen

La curiosidad es lo que me mueve a escribir

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  1. Josell dice:

    Discrepo con Amin Maalouf. La sociedad árabe era avanzada en muchos aspectos, pero en otros era más atrasada, como en el hecho de que recurrían a la esclavitud y le quitaban derechos a los no musulmanes.

    Curiosamente, en Europa sólo los cristianos tenían que pagar impuestos al Papa, lo que favoreció que losnjudíos fueran banqueros y fué lo que creó ele stereotipo de que son avaros.

    • mrjaen dice:

      Cierto. Lo que pasa es que “todo es relativo” y la sociedad árabe de aquellos tiempos comparada con la cristiana estaba muchísimo más avanzada en ciencia y medicina aunque en otros aspectos como ese de la esclavitud que tu citas no lo estaba precisamente. Por eso yo también discrepo en mi artículo del libro del libanés

    • Robofunken dice:

      Para discrepar hace falta saber qué dice, y da la impresión de que el autor del post no ha leído el libro de Maalouf. No se puede confundir lo que dicen sus fuentes con lo que dice el autor, te recomiendo que lo leas porque no tiene nada que ver con lo expuesto aquí.

      Negar motivaciones religiosas o ideológicas es un poco absurdo teniendo en cuenta que existió al menos una “cruzada popular” .(http://es.wikipedia.org/wiki/Cruzada_de_Pedro_el_Ermita%C3%B1o)

      Y también es absurdo pensar que los líderes de las cruzadas, muchos de ellos sin herencia, no buscaban riquezas y feudos.

      • mrjaen dice:

        A ver amigo. Por supuesto que me he leído el libro de Maalouf y el que parece que no se ha leído mi artículo eres tu. Yo sólo digo que Maalouf “carga las tintas” sobre la agresión al pueblo árabe y lo comparo con la agresión que se hizo al pueblo judío. Nada más. El resto de mis comentarios son para darle parte de razón en sus argumentaciones.
        En cuanto eso que afirmas de que niego motivaciones religiosas ¿de dónde lo has sacado? Precisamente afirmo QUE LAS HUBO
        Y finalmente tu comentario de que al parecer yo niego que los líderes de las cruzadas, muchos de ellos sin herencia, no buscaban riquezas también es falso.Yo pongo ejemplos de que ASÍ FUE (en la línea de Naborov)
        En serio.. ¿Te has leído mi artículo?

  2. Super interesante gracias por el aporte lo comparto en Twitter y mañana en el cole con los compas de la especialidad

  3. “¡Dios lo quiere!”, ademas de ser curiosamente parecida a una llamada arabe, es el nombre del castillo y pueblo, Juslibol, que se establecio en el 1101 para preparar la conquista de Zaragoza. En cierto modo la primera batalla de las cruzadas es la de Alcoraz, en el 1096, unos meses despues. De hecho, el sitio a Huesca comenzo en el 1094; era entonces pues la unica batalla “activa” entre cristianos y arabes -que yo sepa, puede que hubiera algun rollete en sicilia y tal- cuando se plantearon las cruzadas.

  4. Enigma dice:

    Yo creo que, en cierto modo y salvando las distancias, lo mismo que a los pioneros americanos, mas de la mitad convictos, el afán de riqueza mediante el crimen y el pillaje y una proyección pseudo-cristiana hacia poder y méritos vanos, pero a la larga beneficiosos en la mas que profunda e integrista edad onscura: mas o menos a la que nos dirigen hoy en día.

  5. Hola, mi comentario no tiene nada que ver con la entrada, sólo era para preguntarte si tienes cuenta en Twitter para seguirte. Como sabes, desde que me banearon los nazis de MNM no he vuelto ni volveré a entrar.
    Un abrazo,
    Pedro

    • mrjaen dice:

      Encantado, querido amigo. Menéame sólo sirve para una cosa y es la de que una noticia allí subida tiene una gran difusión. Fuera de eso es un nido de intolerancia y está en mano de una serie de administradores a los que se le llama coloquialmente “la mafia”. Te podría contar un montón de cosas sobre ello pero prefiero “tomármelo como un juego”. De hecho ya escribí algo sobre Menéame aquí. Míralo en el buscador.
      Por cierto mi cuenta en Twitter es @mrsjaen. Un abrazo y muchas gracias por tu opinión

      • Es así, un portal de narcisistas, pedantes y ególatras, donde la humildad es la estrella siempre ausente. Lo único bueno, y me temo que no tiene más, es que es la mejor fuente generadora de noticias en castellano.
        Pero como bien dices, las mafias, que no son ninguna leyenda urbana, son fomentadas por los administradores y peces limpia fondos. Hay además una colonia de ultras que me provocan vómito.
        Nos leemos, amigo.

      • mrjaen dice:

        Completamente de acuerdo contigo. Un abrazo

    • chiquita dice:

      entonses para q publicas jijijjiijii

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