El cifrado es un método para escribir mensajes manteniéndolos a salvo de miradas indiscretas. La “escritura secreta” usa muchas veces la criptografía, donde el mensaje viene representado por una serie de imágenes ininteligibles que sólo son comprensibles por el destinatario pero en el Renacimiento se escribieron muchas “cartas secretas” basadas en las llamadas “sustituciones”. Eran cartas perfectamente inteligibles pero que llevaban incorporada una serie de números y símbolos que solo podían interpretarse si el destinatario disponía de “las claves” para descifrarlas. 

Los responsables de la curia vaticana en la época renacentista fueron muy hábiles en este campo e incluso habían creado una oficina llamada “Segretario della Cifra” (Secretario de cifrado) para estos menesteres. Desde el siglo XIII, la “escritura oculta” ya se practicaba en Venecia o Florencia, y al principio se aplicaba a la misma métodos sencillos, pero llegó Leon Battista Alberti, y en su obra “Componendis cifris” de 1466 inventó las bases para la “sustitución alfabética” con unos artilugios conocidos como ‘discos de Alberti‘ que tenían un armazón fijo con las letras del alfabeto y las cifras 1, 2, 3 , 4. y otro móvil con símbolo en minúscula que se usaban para el texto cifrado.

Disco de AlbertiFuente

Entre los siglos XIV y XV se usó mucho el cifrado en Italia, para la correspondencia diplomática y el principal fue uno denominado «Nomenclator» o “tabla cifradora”, que estaba compuesto por un alfabeto (casi siempre homofónico) y un conjunto de palabras o frases codificadas, representándose cada una de ellas por uno o más símbolos enigmáticos. 

El documento de la imagen de portada es uno de ellos y corresponde a una pieza confeccionada entre los años 1493 y 1494 y referenciada con la clave ASV, A.A., Arm. I-XVIII 5026, ff. 100r-101v en el registro del Archivo Vaticano.Pertenece a la correspondencia cifrada del Papa Alessandro VI Borgia y concretamente el presentado se usó para codificar la correspondencia papal con don Francisco Desprats que en 1492- poco después de que el señor Rodrigo de Borgia (Alejandro VI) – fuese elevado al sillón papal había sido nombrado como “colector de espolios” (un eclesiástico constituido en dignidad por el rey de España) y que oficiaba también como su nuncio apostólico en la corte de los Reyes Católicos. 

Pero ¿qué es un «Nomenclator»? Pues se trata de un sistema mixto para codificar la escritura compuesto por un alfabeto cifrado y una lista de nombres, palabras y sílabas, que están codificadas en diferentes formas. Repasemos el de la imagen de portada : en su “recuadro superior” y en la primera línea se detallan las letras del alfabeto y en la segunda, tercera y cuarta líneas se nos muestran cuales son las opciones para la sustitución de estas letras. Para las consonantes se permiten dos opciones y para las vocales tres. Luego sigue un “recuadro central” en donde se nos pone una tabla que reagrupa a una serie de palabras (verbos, adverbios, pronombres, preposiciones y locuciones) que pueden ser sustituidas con un símbolo y un “recuadro inferior” con una serie de nombres, títulos y expresiones en tres columnas. En la primera columna la sustitución se hace por números y en la segunda y tercera por sílabas. 

Así vemos como en el documento expuesto la frase «la hija del Papa» se marcaría como «cuc»; «el hijo del Papa» como «gu»; el «camarlego» como «fu» y la frase «el Papa» estaría expresada con el número «23». La “nomenclatura” (tabla de sustitución) fue usada mucho en el Renacimiento y para descifrar algunas cartas antiguas renacentistas no basta con ser un paleógrafo y conocer las lenguas antiguas, sino que hay que tener a mano el «Nomenclator» que se usó para cifrarlas con sus  “claves” correspondientes. 

Un caso muy curioso es el que nos cuenta Marcello Simonetta en su libro: “El Enigma de Montefeltro” en el que resuelve un crimen de hace quinientos años. ¿Quién urdió la conspiración del 26 de abril de 1478 para matar a los hermanos Lorenzo y Juliano de Médicis en la catedral de Florencia? En la misma Lorenzo encontró refugio en la sacristía pero Juliano cayó bajo diecinueve puñaladas de sus asesinos. 

En el siglo XV había en Italia una competición directa entre dos familias: los Médicis y los Pazzis pero los primeros eran el clan con mayor poder en Florencia. y Lorenzo el Magnífico intercambiaba favores por dinero. Asesorado por su hermano Juliano, colocaba a sus amigos en los puestos claves del poder en detrimento de la familia Pazzi. Así se urdió una conspiración para matar a ambos hermanos aprovechando el día que estaban juntos en la misa mayor del Duomo. Juliano llegó acompañado de Francesco dei Pazzi y se colocó por razones de seguridad en el extremo opuesto de dónde estaba su hermano Lorenzo. En el momento de la consagración los conspiradores atacaron y Francesco dei Pazzi asestó 19 puñaladas a Juliano matándolo; otro grupo atacó a Lorenzo pero sus seguidores lo defendieron y le salvaron la vida.

Lorenzo se vengó y la familia Pazzi fue considerada responsable matándose aquel día a más de cien personas pero… ¿lo fueron realmente? porque los Médicis tenían una larga lista de enemigos, incluido el Papa de aquel entonces: Francesco della Rovere, Sixto IV.

Sixto IV

En la portada del libro aparece un gran protagonista: Federico II de Montefeltro, IX Conde y primer duque de Urbino. Supuestamente era aliado de los Médicis pero como otras muchas figuras del Renacimiento era un profesional de “la condotta” un término que en Italia designaba al contrato entre el capitán de mercenarios y el gobierno que alquilaba sus servicios. 

Vamos, que “se vendía al mejor postor” y aunque había servido a Lorenzo de Médicis en la guerra de Volterra de 1472 no tuvo el menor escrúpulo en conspirar contra él sirviendo al papa Sixto IV, enemigo de Lorenzo por haberle denegado un préstamo. Los señores mercenarios mudaban su lealtad a quien creían que poseía mayor poder.

Marcello Simonetta en el año 2000 pudo descifrar el código de una carta cifrada del 14 de febrero de 1478 que aquel duque de Urbino, envío a Roma revelando su participación en una conspiración gestada por el Papa Sixto IV para cambiar el Señorío de Florencia. Da la casualidad de que este autor, es un descendiente de uno de los protagonistas de aquellos acontecimientos y encontró una carta escrita en1478 de aquel duque de Urbino a su antepasado Cicco Simonetta, Canciller de Sforza de 1450, y otra posterior advirtiéndole que “tuviera cuidado con Lorenzo de Médicis”. No me extenderé más porque quien quiera saber más puede leer este libro donde se demuestra que aquel ataque fue el acto culminante de un plan de Sixto IV que buscaba redibujar el mapa del poder en Italia. 

Lo más interesante es responder a esta pregunta: ¿cómo descifró este investigador aquella “carta cifrada” sin disponer del «Nomenclator» ? Pues gracias a un diario de su pariente en donde encontró la clave  de que alguna letra podía estar representada por símbolos diferentes y que a cada persona correspondía un símbolo

Así es que en aquella carta cifrada que el duque de Urbino mandada a su antepasado él asignó un número a cada símbolo y la frecuencia de estos números le ayudó a encontrar “los símbolos repetidos“. Luego a los caracteres que más se repetían les asignó una vocal y como la letra «a» es la más repetida del alfabeto italiano la sustituyó por los símbolos que se repetían y así empezaron a aparecer palabras como «La sua santitá» que-obviamente- debía ser Sixto IV y salió el nombre del jefe de la conspiración. El duque de Urbino era conocido como un maestro de la escritura cifrada pero cuando se fueron descubriendo sus “claves” aparecieron. frases como «Hazlo, deshazte de Lorenzo en cuanto puedas»

Y así el Renacimiento siguió perfeccionado el noble arte del “cifrado de la correspondencia ” con muchos otros documentos recopilados en los archivos vaticanos y otros cifrados ubicados en el archivo del Fondo Borghese, entre los que se encuentran escritos de políticos cifrados las “Grilie di Cardamo” (grilla de Cardamo), otro sistema renacentista ideado por Gerolamo Cardano hacia 1550 con una cartulina cuadrada con perforaciones en cuyo interior se escribía el mensaje, y el texto se podía leer sobreponiendo a la carta recibida la grilla que el receptor tenía
Fuente 
Luego el cifrado se extendió y algunos ejemplos históricos importante son la anécdota de Oliver Levasseur, alias La Bouche (‘El Buitre‘) un pirata francés del Océano Índico que fue capturado y ejecutado en 1730. Antes de morir mostró un criptograma de 17 líneas, exclamando ante la multitud: “Mi tesoro está enterrado aquí … “. Nadie lo ha descifrado aún 


O el Copiale Cipher de entre 1760 y 1780, de una sociedad secreta de Wolfenbüttel, Alemania. Durante más de 260 años el contenido de este manuscrito de 105 páginas cifrada fue un misterio, hasta que en abril de 2011 un equipo de lingüistas suecos y estadounidenses utilizando sofisticados algoritmos de traducción pudieron descifrarlo al fin.

O cuando en el siglo XVI María, reina de los escoceses tras 18 años de prisión, apoyó el complot urdido por Anthony Babington para liberarla y asesinar a Isabel de Inglaterra. María conspiró con Babington a través del intercambio de cartas cifradas, mediante un cifrado de sustitución complejo con más de 63 símbolos diferentes para codificar letras y palabras.


Más modernamente en 1917 tenemos el telegrama codificado que el Ministro de Exteriores alemán Arthur Zimmermann envió a México sobre la reanudación de la guerra submarina alemana  “sin restricciones” . Aquel telegrama fue interceptado por un equipo de criptografía británica conocida como la habitación 40, y el 19 de febrero, de aquel año y una vez descifrado se pasó a los EE.UU. que el 6 de abril declaró la guerra al Imperio Alemán.

Hoy en día el cifrado es un arte mucho más sofisticado y en palabras del historiador eminente de cifrados, David Kahn: “Pocas de las ideas falsas que más firmemente se han apoderado de las mentes de los hombres es la de inventar un sistema de cifrado que nadie puede romper“.

Fuentes:

Archivo Vaticano: https://www.vatlib.it

Marcello Simonetta: “El Enigma de Montefeltro
Frattini, Enric: “La conjura: asesinar a Lorenzo de Médici“. Espasa Calpe.2006 
Julian Bhardwaj . ‘Discrete Mathematics‘. University of Warwick

Acerca de mrjaen

La curiosidad es lo que me mueve a escribir

Un comentario »

  1. Gabriel Tamayo dice:

    Interesante estudio este de los principios del cifrado. Si aquellos personajes levantaran la cabeza…aunque nunca se sabe… lo mismos hay sistemas criptográficos tan rusticos que por su sencillez o metodología resultan indescifrables incluso para los mas potentes algoritmos y sistemas informáticos. Como el del pirata que citas.
    Un abrazo Manolo.
    Como siempre te superas en tus artículos

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