Amelia Mary Earhart, fue una famosa piloto femenina a la que los medios apodaron como “la reina del aire”. Nació el 24 de julio de 1897 en una época incluso anterior a existencia de los aviones, en Atchison, Kansas y era hija de Samuel Stanton Earhart y Amelia Otis Earhart con una infancia marcada por problemas familiares porque su padre no tenía estabilidad laboral y los viajes para conseguir empleo eran una constante. Por ello debió pasar mucho tiempo en la casa de sus abuelos maternos en Atchinson (Kansas)

Una niña inquieta

Aquella niña desde desde muy pequeña, ya mostró una personalidad inquieta, contraria a los convencionalismos de su época, actuando de forma distinta a cómo se suponía que debían de hacerlo las niñas de principios del siglo XX y lo mismo se dedicaba a trepar a los árboles que a cazar ratas con un rifle. Su carácter rebelde y feminista la llevó incluso a mantener un álbum con recortes de periódicos que trataban sobre mujeres exitosas en campos tradicionalmente, considerado como propios de hombres como la producción cinematográfica, el derecho, la publicidad, la gestión o la ingeniería. Todo esto ella nos lo cuenta en un libro autobiográfico de memorias que escribió en 1932 titulado “The fun of it. Random records of my own flying and of women aviation ” ( Por el placer de hacerlo. Notas sobre mis vuelos y las mujeres en la aviación) editado en España por Editorial Macadán (2016) en el que afirmaba que “por desgracia tuve que crecer en una época en la que se esperaba que las niñas se comportaran como niñas”.

Portada del libro

El 17 de diciembre de 1903 cuando Amelia aún solo tenia 6 años los hermanos Wilbur Wright (1867-1912) y Orville Wright (1871-1948) ya habían conseguido el primer vuelo tripulado en un biplano llamado Flyer de dos hélices impulsado por un motor de combustión interna de 12 CV con noventa kilogramos de peso. Empezaba la época de la aviación y pronto correrían los tiempos en los que el aeroplano alcanzaría su mayoría de edad. Cuatro años después, en 1907, cuando Amelia cumplió los diez años, tuvo la ocasión de ver a uno de aquellos primeros aviones pero aquella primera visión no la dejó nada impresionada ya que como ella misma dice en sus memorias, aquel aeroplano solo le pareció “una cosa de alambre oxidado y madera que no tenía nada de interesante

El avión «Flyer» de los hermanos Wright en su primer vuelo.

Mientras ella crecía también lo hacía también la aviación y con el estallido de la Primera Guerra Mundial los aviones de combate ya se empezaron a elevar a alturas superiores a los seis mil metros. En aquellos tiempos nuevas dificultades llegaron a la familia Earhart y su padre volvió a perder el empleo, comenzando a tener problemas con el alcohol, por lo que su madre se trasladó con ella y su hermana a Chicago en donde empezó la historia de esta mujer que se matriculó en una escuela de ciencias de aquella ciudad, llamada Hyde Park High School.

Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial Amelia y su hermana Muriel viajaron a Canadá como enfermeras voluntarias, para atender a los pilotos heridos en combate y fue allí donde se despertó su vocación por el vuelo al hacer una visita al campo del Cuerpo Aéreo Real, de las fuerzas aéreas británicas. Fue entonces cuando la idea de convertirse en piloto de aviones comenzó a tomar forma en su mente y como ella misma afirma en sus memorias terminó “picada por el gusanillo de la aviación“.

Amelia en su época de enfermera

Cuando Amelia se graduó los aviones ya eran una cosa nueva y emocionante y cuando en 1920 su familia decidió trasladarse a vivir a California, ella asistió con su padre a una exhibición aérea en la que tuvo la oportunidad de montarse en uno de aquellos aparatos y sobrevolar la ciudad de Los Ángeles. “Cuando ascendí hasta los noventa metros ya supe que tenía que volar” nos cuenta Amelia Earhart en sus memorias y tras aquella primera experiencia de vuelo con una ascensión de diez minutos el 28 de diciembre de 1920 en compañía del piloto Frank Hawks quedó tan entusiasmada que desde aquel mismo instante decidió que tenía que aprender a volar y que el surcar los cielos sería su destino.

Así, un año más tarde, una decidida Amelia Earhart se apunta a las clases de Neta Snook, la primera mujer de aquellos tiempos que tenia un negocio de aviación y que también es considerada como una de las pionera de la aviación femenina. Tras sus primeros vuelos quedó tan entusiasmada que seis meses más tardes, decidió comprarse con sus ahorros un prototipo del aeroplano Kinner al que llamó «el Canario»

Amelia con su avión «el Canario»

Con aquel aparato llegó a alcanzar una altura de 14.000 pies (4.267 metros) estableciendo un récord mundial para pilotos femeninos y en 1923 consiguió su licencia de vuelo por la Federación Aeronáutica Internacional, convirtiéndose en una de las 16 mujeres en el mundo de aquel entonces que la poseían y entrando a formar parte de la Asociación Aeronáutica Internacional en 1927, donde empezó a ser reconocida como una de los mejores pilotos estadounidenses.

Foto: AP Photo / Gtres

El carnet de piloto de Amelia

Era la década de “los felices años 20” del pasado siglo en la que los pilotos se esforzaban en tratar de romper récords de vuelo: unos querían volar más alto que nadie y otros más lejos y así en 1927, Charles Lindbergh consiguió ser el primer piloto en volar “solo”, a través del Océano Atlántico.

Y una tarde de abril de 1928, Amelia Earhart recibió una llamada en el trabajo. “¿Te gustaría ser la primera mujer en sobrevolar el Atlántico?” fue lo que le dijo un hombre al otro lado del teléfono. Era el capitán H.H. Railey y la idea de aquella aventura había partido de Amy Guest, una aristócrata estadounidense que ya había adquirido un Fokker F.VII para la misma. En un principio aquello era un proyecto personal de Guest, a la que también le gustaba volar pero tras ser disuadida por su familia había decidido recurrir al famoso editor George P. Putnam –con el que Amelia terminaría casándose unos años más tarde – para que se ocupara de organizar aquel primer vuelo femenino sobre el Atlántico. La respuesta de Earhart a aquella propuesta fue la de un sí rotundo, pero aunque Amelia estaba emocionada por unirse a aquella aventura su sueño era el de volar sola en su propio avión.

Los coordinadores de la travesía, decidieron que Amelia acompañara al piloto Wilmer “Bill” Stultz y al mecánico Louis E. “Slim” Gordon y la nave fue bautizada como Friendship (Amistad), despegando el 3 de junio de 1928 y tras un vuelo de 20 horas y 40 minutos desde Trepassey Harbour, Terranova, llegó a Burry Port, en el sur de Gales, con poco combustible por lo que no pudo aterrizar en Irlanda, como estaba planeado. La misma Amelia reconoció que todo el trabajo lo hicieron los pilotos, pero al llegar los reporteros los ignoraron y solo la abordaron a ella. Después recibió felicitaciones del mismo presidente Calvin Coolidge y a raíz de este viaje ya empezó a ser conocida como Lady Lindy, por su parecido con el aviador Charles Lindbergh.

Disfrutando del éxito

A partir de entonces su fama creció y los medios de comunicación ya empezaron a llamarlala reina del aire“. Se hizo tan famosa que llegó a tener incluso su propia marca de ropa y equipaje como las estrellas de Hollywood y comenzó a dar conferencias gracias al trabajo de Putnam que la ayudó a publicar su libro “Veinte horas, cuarenta minutos“, y que la acompañaba a todas partes. Fue tal la afinidad entre ambos que contrajeron matrimonio en 1931.

Amelia Earhart junto a su marido George Palmer en 1932

Aprovechando su popularidad, Amelia promovió también el uso comercial de la aviación y defendió la incorporación de las mujeres a este nuevo campo profesional. También enseñó en la Universidad de Purdue para que pudieran aprender a pilotar otras mujeres y en la universidad, trabajó en el Departamento de Aeronáutica. Fundó la organización Las noventa y nueve (pues incluía a 99 miembros) de la que fue su primera presidenta y en 1930 fue vicepresidenta de relaciones públicas de una aerolínea entre Nueva York, Filadelfia y Washington.

Amelia posando en el centro junto a otras mujeres piloto: L-R Ruth Nichols, Bobbie Trout, Blanche Noyes, Dra. A H Rorhbach, Thea Rasch, Gladys O’Donnell y Phoebe Omliery. Foto: CordonPress

En 1931, voló más alto que nadie hasta los 18.415 pies de altitud ( 5.612 m.) pero a estas alturas de su vida ella sentía que ya tenía la oportunidad de cumplir su sueño de hacer un vuelo sola por el Atlántico. Hasta 1932 nadie había hecho un viaje en solitario desde Lindberg. y la oportunidad de convertirse en la primera mujer y en la segunda persona en volar en solitario a través del Atlántico no quería desperdiciarla . El 20 de mayo de 1932, despegó desde Terranova (Canadá) hacia París volando durante 14 horas y 56 minutos. Durante ese tiempo, tuvo que luchar contra fuertes vientos, hielo y problemas mecánicos y eso la obligó a desviar su ruta. Cuando vio tierra aterrizó, pero no estaba en París sino en un pastizal de Irlanda. No importaba, era la primera mujer que volaba sola y sin parar, a través del Océano Atlántico aparte de ser la primera persona en hacerlo dos veces,

El presidente Hoover la condecoró con la medalla dorada especial de la National Geographic Society y fue votada como la mujer más destacada del año recibiendo del Congreso la Distinguished Flying Cross, otorgada por primera vez a una mujer.

Ya su carrera como aviadora era imparable y con su Lockheed Vega en 1934 anunció que su próxima aventura seria un vuelo a través del Pacífico, desde Hawái a California, y después a Washington. Diez pilotos lo habían intentado antes y murieron. Salió de Honolulú (Hawai) el 11 de enero de 1935 y aterrizó en Oakland (California) ante una multitud que la vitoreaba recorriendo una distancia superior a la existente entre Estados Unidos y Europa, También era la primera piloto en completar con éxito este difícil trayecto sobre aguas del Pacífico, A finales de ese mismo año, estableció otro nuevo récord de velocidad al realizar un vuelo sin escalas, de algo más de catorce horas, entre Ciudad de México y Nueva York y el presidente Roosevelt le envió sus felicitaciones. Ese mismo año también realizó el primer viaje solitario entre Los Ángeles a Ciudad de México, y de allí a Newark, Nueva Jersey.

Amelia Earhart ya había establecido muchos récords pero quería una nueva aventura: volar alrededor del mundo. Esto iba a ser un trabajo duro, y ella necesitaba planearlo cuidadosamente. Para prepararse para aquel vuelo, le pidió a un piloto de acrobacias de Hollywood llamado Paul Mantz que la ayudara a mejorar sus habilidades de vuelos a larga distancia. Buscando “lo más difícil” también eligió el camino más largo, volando sobre el ecuador

Mapa de la ruta prevista de Earhart. La línea continua representa la ruta realizada

El Lockheed Electra 10E fue la máquina elegida y a este avión se le puso un tanque de combustible mas grande.

Amelia Earhart posa junto al avión Electra antes de su último vuelo en 1937. Foto: AP Photo / Gtres

El 17 de marzo de 1937, Amelia comenzó su aventura con una primera etapa entre Oakland, California y Hawaii y con un equipo formado por Fred Noonan como navegante (por su experiencia en vuelos sobre el Océano Pacífico) y otros dos tripulantes como técnicos para ayudar en el viaje.

Fotografía de 1937 que muestra a Amelia Earhart y a su compañero de vuelo, Fred Noonan. Foto: AP Photo, File / Gtres

Aquel vuelo tuvo problemas porque el aeroplano se deslizó fuera de control teniendo daños considerables y tuvieron que detener el vuelo para regresar a California y arreglar el avión. Sin embargo Amelia continuó con sus planes e hizo otro intento cambiando la ruta del viaje hacia el este. De ahora en adelante sólo viajaría con Fred Noonan y tras reparar al Electra partió de Los Ángeles hacia Florida el 21 de mayo de 1937. El 1 de junio salieron de Miami, y su primer destino fue San Juan de Puerto Rico volando desde allí a Caripito, al oriente de Venezuela, y bordeando Sudamérica para tomar rumbo a África y el Mar Rojo.

Desde allí realizó un vuelo inédito en la historia de la aviación, hacia Karachi en Pakistán y el 17 de junio de 1937 tomó rumbo a Calcuta. Posteriormente su destinos fueron Rangún (Birmania), Bangkok, Singapur y Bandung. En este último lugar en la isla de Indonesia ocurrieron algunos percances. Hubo retraso por el mal tiempo y a la aeronave tuvieron que volver a realizarle una serie de reparaciones, pero lo más grave fue que ella enfermó de disentería y tuvieron que esperar hasta el 27 de junio de aquel año para despegar hacia Darwin en Australia.

Llegó a Lae, en Papúa Nueva Guinea el 29 de junio con 35.405 kilómetros volados. Aún le quedaban 11.265 kilómetros por recorrer y este era el último empujón para terminar su viaje. Desde allí se comunicó con el Herald Tribune mandado a este medio unas fotos en las que se podía apreciar que estaba enferma y cansada pero eso no le impidió que a las 0:00 GMT del 2 de julio de 1937 despegase con Fred en un avión muy cargado con 2.000 galones de combustible- suficientes para 20 ó 21 horas de vuelo- con el objetivo de aterrizar en Howland Island, distante más de 2.000 Km. Aquel día la situación atmosférica no era la más favorable porque el cielo estaba nuboso y con lluvias intermitentes y algo salió mal ya que en este vuelo sobre el Océano Pacífico Amelia y Fred desaparecieron.

Mapa del océano Pacífico con la isla Howland al centro y la posible ruta de Earhart en la zona, antes de su desaparición

El guardacosta estadounidense Itasca a las 7:20 GMT de aquel día reportó su posición que era de 232 kilómetros al suroeste de las Islas Nukumanu. A las 8:00 GMT se realizó el último contacto de radio cuando el avión de Amelia volaba en ruta hacia la Isla Howland a 3.657 metros de altura. Nunca se supo el rumbo que tomaría la aeronave tras alcanzar Nukumanu ya que la radio empezó a fallar y solo se recibían algunas transmisiones cortas en el Itasca.

A las 19:30 GMT se recibió el siguiente reporte: «KHAQQ llamando al Itasca. Debemos estar encima de ustedes, pero no los vemos… El combustible se está agotando…» Según declararon posteriormente los marinos, ellos podían escuchar perfectamente como la aviadora les pedía ayuda desesperadamente, pero no podían devolverle la comunicación. A las 20:14 GMT el guardacosta recibió el último mensaje del avión de Amelia dando su posición y ya se perdió la señal. Ya solo era cuestión de tiempo que la piloto estadounidense se quedase sin gasolina y hacia las 21:30 GMT se determinó- según el gobierno de los EE.UU.- que su avión se debería de haber estrellado en el Pacífico pero nunca se encontraron sus restos ni los de sus ocupantes.

Con los datos disponibles se estableció la hipótesis de que el avión de Amelia pudo caer entre los 56 y los 160 kilómetros de la costa de la isla Howland. pero nunca se encontró nada. El presidente Franklin D. Roosevelt autorizó la búsqueda del mismo con la Guardia Costera de los Estados Unidos usando 9 barcos y 66 aviones, en una operación que tuvo un costo de 4 millones de dólares pero todo fracasó.

La prensa se hizo eco del accidente

Alrededor del 18 de julio de 1937 se abandonó el rastreo en el área de Howland y también las esperanzas de encontrar con vida a Amelia. Así fue como desapareció esta mujer y las esperanzas de encontrarla fueron ya inexistentes. Se pensó que había muerto haciendo lo que más amaba y se edificó un faro en 1938 en la isla Howland en su honor.

Pero ¿murió realmente aquella “reina del aire” . Los buceadores de un proyecto llamado Blue Ángels así lo afirman y sostienen que ellos lograron encontrar los restos de un avión Lockheed Electra 10 similar al avión de Amelia en un banco de coral cercano a la costa de Papúa Nueva Guinea, lo que confirmaría la hipótesis de que Amelia Earhart falleció allí al estrellarse su avión, pero hay otras alternativas que apuntan a pensar que esta aviadora no estrelló su avión en el mar sino que tal vez pudo realizar un aterrizaje forzoso y quedar viva.

La primera de ellas sugiere que su avión aterrizó en el atolón de Nikumaroro a casi 1600 km de Fiji, y a medio camino entre Australia y Hawai. Esta isla del Pacífico Sur es esencialmente un banco de arena sobre un arrecife de coral sobre un volcán submarino hundido.

Atolón de Nikumaroro

La isla Nikumaroro es uno de los atolones de la Gran Barrera de Coral. Tiene 7,5 km de longitud y una anchura de 2,5 Kms y está rodeada por un océano profundo. Allí pudo terminar sus días Amelia Earhart cómo náufrago .

Es lo que afirma la Fundación TIGHAR (Grupo Internacional para la Recuperación de Aeronaves Históricas) que sostiene que Earhart y Nooman tras quedarse sin combustible podrían haber aterrizado en este atolón, luego llamado Gardner. Al estar rodeado de un arrecife este pudo haber servido de pista de aterrizaje improvisada. Luego el mar se tragó el avión y Noonan falleció quedando Amelia Earhart sola en aquella isla en la vivió algún tiempo como náufrago hasta que murió.

Esta hipótesis se sostiene porque en 1940 los británicos establecieron una colonia en aquella isla y su primer administrador colonial Gerald Gallagher envió un telegrama informando que allí se había descubierto un esqueleto humano parcial. Aquellos huesos permanecieron en el olvido hasta que en el año 2018 el investigador Richard Jantz, profesor emérito de antropología y director del Centro de Antropología Forense de la Universidad de Tenneese determinó que los restos podrían pertenecer a una mujer de las mismas medidas que la aviadora fallecida. Además uno de los grupos que trabajó en aquella isla descubrió otros objetos que podían tener relación con Amelia como la parte de un zapato femenino, una caja sextante, una botella de licor Benedictine (uno de los favoritos de la aviadora) y los botones y la cremallera de una chaqueta de aviación

Hay una segunda hipótesis que sostiene que Amelia pudo amerizar y ser capturada por una patrulla naval japonesa y tras ello presuntamente ser trasladada a las Islas Marianas. La base de la misma es una fotografía tomada por un espía estadounidense que informaba sobre las actividades militares niponas en el Pacífico.

En esta foto sacada de un cajón olvidado de los Archivos Nacionales de EE.UU. se muestra a una mujer muy parecida a Amelia Earhart junto con un hombre también parecido a Fred Noonan, su navegante que están en un muelle junto al barco japonésKoshu” que parece remolcar un objeto que podría ser el avión de la piloto. Aquel Lockheed Electra 10E podría no haberse hundido de inmediato debido a que sus tanques vacíos de combustible le sirvieron de flotadores. El resto de la historia sería que la tripulación del “Koshu” detuvo a Amelia y la trasladó desde las Islas Marshall hasta Saipán en las Marianas y en este cautiverio ella falleció.

Así es que no sabemos lo que le pasó realmente a nuestra “reina del aire” pero sea cual sea, cualquiera de estas hipótesis nos lleva a pensar que aquella gran mujer tuvo un triste final. Cayó de los cielos con 40 años y se quedó “sin sus alas” para morir en aquellos remotos lugares: estrellada en el mar, bien emulando a Robinson Crusoe en una solitaria isla del Pacífico o cayendo prisionera de los japoneses y terminando en cautiverio. Entre las tres opciones yo prefiero la segunda e imaginármela sentada en aquella remota isla sola, mirando al cielo y soñando con ser alguna de aquellas gaviotas que lo cruzaban.

Sea cual fuese su destino Amelia Earhart tuvo que tener recursos para sobrevivir sus últimos días y aceptaría su destino recordando la carta que un día le mandó a George, su marido en la que le decía : «Por favor debes saber que soy consciente de los peligros, quiero hacerlo porque lo deseo. Las mujeres deben intentar hacer cosas como lo han hecho los hombres».

Fuentes:

Biografías e Historia

Canal Historia

NASA

Amelia Earhart y los huesos de la isla Nikumaroro

National Geographic

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La curiosidad es lo que me mueve a escribir

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