
Si hay algo claro en la política de guerra contra Iran es que Donald Trump no tiene ningún plan para la misma. Yo creo que él pensó que tras su gran éxito con la captura de Maduro que permitió a EE.UU. controlar alrededor del 30% de todas las reservas de crudo del mundo supuso que si en Irán se estableciera un posible nuevo Gobierno aliado de EE.UU., el país norteamericano controlaría casi el 50% de todas las reservas mundiales de petróleo.
Es el cuento de la lechera pero las circunstancias de esta guerra lo han llevado a un punto de no retorno y mucho me temo que ahora el señor Trump no es capaz de salir del lío en que se ha metido y formular un plan para terminar esta guerra.
Porque Donald Trump se ha especializado en crear situaciones de suspense que se convierten en su mente en motivo de orgullo y su pensamiento es así de simple : “Nadie sabe lo qué voy a hacer después. Así es que todos me temen y esto me da la máxima ventaja”.
O sea: para èl, el no tener ningún plan se convierte “en el plan” pero como en el caso de tantas otras decisiones suyas (su política de aranceles me viene ahora a la mente), la guerra en Irán es algo medio pensado, mal concebido y constituye una repetición de errores pasados que impiden que esto termine bien.
Porque la cosa se está complicando. El principio de esta guerra no pudo ser más exitoso para Estados Unidos e Israel cuando el pasado 28 febrero. bombardearon Irán en las operaciones bautizadas como ‘Epic Fury’ y ‘Roaring Lion’, En 24 horas, ambos ejércitos atacaron a más de 900 objetivos iraníes en todo el país, principalmente en el oeste, con objetivos principalmente de infraestructuras militares, instalaciones de almacenamiento y lanzamiento de misiles, radares y defensas antiaéreas, así como personalidades políticas y militares del régimen.

Esto provocó que en el primer día de estos ataques las Fuerzas de Defensa de Israel anunciaran que habían matado a 40 altos cargos iraníes, calificando esta operación de «ataque histórico» incluyendo la muerte del líder supremo, el ayatolá Ali Jameneí y la plana mayor del régimen de Irán

Entre ellos estaban Mohammad Pakpour Comandante de la Guardia Revolucionaria. Alí Shamjaní Jefe del Consejo Nacional de Defensa. Aziz Nasirzadeh Ministro de Defensa. Sayyid Abdolrahim Mousavi Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Mohammad Shirazi Jefe de la oficina militar. Salah Asadi Jefe de inteligencia y Hassan Jabal Amelian Jefe del programa de armas avanzadas.
El ejército israelí también anunció que había destruido la mitad de los lanzamisiles iraníes, así como la mitad de las reservas de misiles de Teherán y las imágenes de satélite confirmaron la destrucción del complejo del Guía Supremo en Teherán
Pero nadie esperaba que Irán respondiera con la contundencia que lo hizo

Irán respondió atacando numerosos objetivos en Israel y bases militares estadounidenses repartidas por todo Oriente Medio, así como infraestructuras civiles como aeropuertos, hoteles y puertos de varias grandes ciudades del Golfo incluyendo los Emiratos Árabes Unidos Dubái,y Bahréin, El puerto de Duqm también fue alcanzado por dos drones y el aeropuerto iraquí de Erbil, donde estaban acuartelados soldados estadounidenses, también fue objeto de ataques.
¿Y que está sacando Donald Trump de esta guerra ?
Pues en primer lugar, mucho me temo que la misma- tal y como ha sido concebida puede durar bastante tiempo porque el modelo de guerra montado por Trump junto a su aliado israelí Benjamín Netanyahu se basa en un conjunto de ataques aéreos contra Irán y estos está siendo contrarrestado mediante una guerra asimétrica casi perfecta, que absorbe los ataques, mientras se inutilizan estratégicamente las bases circundantes y se mantiene el control del estrecho de Ormuz.
Además Irán sigue produciendo misiles y lanzaderas en ubicaciones ocultas, a menudo a gran profundidad, a pesar de haber sido bombardeado por miles de ataques estadounidenses e israelíes y está ajustando su cadencia de ataques para asegurarse de no quedarse sin munición para poder sostener una «guerra prolongada».
La frase «Quien no conoce su historia está condenado a repetirla» es una célebre reflexión atribuida al filósofo español George Santayana en su obra The Life of Reason, (1905-1906) que resalta la importancia de aprender del pasado para evitar cometer los mismos errores y el señor Trump debería haberse acordardo de que la guerra asimétrica de Irán fue planeada por primera vez por este país hace más de 20 años.
Porque el origen del concepto de “guerra asimétrica” surgió en Irán a raíz de la destrucción total del mando militar centralizado de Irak por parte de EEUU en el año 2003, como resultado de un ataque aéreo masivo de tres semanas. La lección más importante que Irán aprendió de aquella «forma de hacer la guerra» de EEUU es que la misma se centra exclusivamente en bombardeos aéreos de corta duración que descabezan las estructuras de mando y liderazgo pero tras aquella guerra de Irak, Irán descubrió que podría construir una estructura militar disuasoria incluso sin poseer la capacidad aérea de un adversario de la talla de EEUU que podía observar la magnitud de su infraestructura militar desde sus cámaras satelitales de alta resolución.
Y la primera solución que tomaron los iraníes fue, sencillamente, la de mantener la menor parte de esta estructura militar expuesta, para que no pudiera ser observada desde el espacio, con sus componentes enterrados a gran profundidad (y fuera del alcance de la mayoría de las bombas).
La segunda iniciativa de Irán fue la de hacer que sus misiles fuesen enterrados a gran profundidad y convertirlos en su «fuerza aérea» es decir, sustituyendo a una fuerza aérea convencional.

Misiles de fabricación iraní. CONTACTO vía Europa Press
Y eso es lo que ha pasado. Irán lleva más de veinte años construyendo y almacenando misiles con una intensa dedicación a la investigación en su tecnología. Actualmente fabrica entre 10 y 12 modelos de misiles de crucero y balísticos. Algunos son hipersónicos; otros pueden lanzar una variedad de submuniciones explosivas orientables (para evitar los interceptores de defensa).
Los misiles de gran tamaño se lanzan desde profundos silos subterráneos dispersos por todo Irán (un país del tamaño de Europa occidental, con abundantes cadenas montañosas y bosques). Los misiles tierra-mar también están desplegados estratégicamente a lo largo de la costa iraní. Cada dron que manda Irán, les cuesta a ellos 20.000 dólares pero a sus enemigos les cuesta entre un millón y medio y cinco millones de dólares el misil que tienen que usar para detenerlo.
La tercera respuesta iraní consistió en encontrar una solución exitosa a cualquier operación de descabezamiento masivo de su mando militar como le pasó a Saddam Hussein en 2003, con los bombardeos masivos y así fue como el el año 2007 introdujo la llamada doctrina mosaica que consiste en dividir su infraestructura militar en comandos provinciales autónomos, cada uno con sus propias reservas de municiones, silos de misiles y sus propias fuerzas navales y milicias.
De este modo los comandantes reciben planes de batalla predefinidos, junto con la autoridad necesaria para emprender acciones militares por iniciativa propia en caso de un ataque de decapitación contra la capital. Los planes de batalla y los protocolos se activan automáticamente
En resumen, la maquinaria militar de Irán, en caso de un ataque selectivo, funciona como una máquina de represalia automatizada y descentralizada y no puede detenerse ni controlarse fácilmente. Con la estructura «Mosaico», que descentralizó y desactivó el mando de forma generalizada la capacidad de respuesta iraní no se puede colapsar en caso de un ataque sorpresa.
¿Y qué consecuencias está ocasionado Donald Trump con su guerra?
Pues con esta guerra, el mundo se está destruyendo económicamente Como era de esperar el mercado energético ha reaccionado con virulencia. El barril de Brent se disparaba a más de los 112 dólares, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) avanzaba hasta alcanzar los 97 dólares.

Esta escalada responde a la paralización del tráfico marítimo. Más notoria ha sido la subida del gas, desbocado un 25%. y el actual cierre del estrecho de Ormuz, no solamente cierra el acceso al petróleo, sino también el de sus derivados (como el azufre) necesarios para hacer fertilizantes
¿Y qué pasa con sus aliados en Oriente Medio señor Trump?
Los ricos del mundo compraban mansiones en islas artificiales frente a sus costas, se paseaban por el Louvre de Abu Dhabi, o hacían safaris por el desierto catarí. En un vecindario sacudido por guerras, protestas e inestabilidad, los países del golfo Pérsico cultivaron durante años la imagen de ser un oasis de seguridad y prosperidad.
Sus esfuerzos y sus ventajosas políticas fiscales atrajeron miles de millones de dólares en inversiones extranjeras, y convirtieron ciudades como Dubái, Abu Dhabi o Doha en destinos privilegiados para los multimillonarios del mundo, el turismo de lujo y los eventos y congresos internacionales.
Ese espejismo se rompió cuando el señor Trump decidió atacar a Irán el pasado 28 de febrero. Los misiles iraníes cayeron de repente junto a centros comerciales, rascacielos de lujo y puertos llenos de yates ante la mirada horrorizada de cataríes, emiratíes, kuwaitíes, bareiníes, sauditas y omaníes, así como de decenas de miles de expatriados y turistas.
La guerra ha llegado incluso a algunos de los hoteles más lujosos del mundo. Los restos de un dron iraní interceptado cayeron sobre el Burj al Arab de Dubái, mientras que el Fairmont The Palm, en la isla artificial de Palm recibió un impacto directo.
Y la compañía petrolera estatal de Qatar afirma que sufrió «daños extensos» a causa de ataques con misiles en el complejo industrial de Ras Laffan que figuraba entre los sitios mencionados por Irán en una advertencia de que tomaría «medidas decisivas», después de que las instalaciones de su yacimiento de gas South Pars fuera alcanzado por ataques israelíes.
Las consecuencias están siendo devastadoras, y en en las capitales del Golfo un tsunami de cancelaciones ha golpeado a estas ricas monarquías, entre vuelos, reservas hoteleras, congresos y eventos internacionales como la Fórmula 1 en Baréin y Arabia Saudita. A esto se suma el cierre del estrecho de Ormuz, que ha frenado sus exportaciones de combustibles.
En resumen existe una sensación de traición de EEUU en las capitales del Golfo porque estos países del Golfo han invertido mucho en sus relaciones con Washington, acogiendo sus bases militares, facilitando la logística, comprometiéndose a realizar enormes inversiones y asumiendo el costo político interno que supone alinearse con la política regional de EE.UU.
A cambio, esperaban, como mínimo, que Donald Trump les consultara antes de empezar una guerra que, inevitablemente, los convertiría en objetivos. No fue así y los misiles iraníes alcanzaron sus capitales, aeropuertos, infraestructuras petroleras y distritos financieros, no por nada que ellos hubieran hecho, sino por decisiones tomadas en Washington y Tel Aviv.
A estas alturas el señor Trump parece no tener «absolutamente ningún plan». Y tal y como están las cosas su política de bombardeos no le va a hacer ganar esta guerra y mucho me temo que si quiere vencer a Irán no va a tener más remedio que mandar tropas allí y embarcarse en un nuevo Vietnam
Por eso quiero terminar con la pregunta del encabezado de este post: Señor Trump. Si no sabe hacer la guerra ¿para qué se mete? que es una adaptación de ese dicho popular que utilizamos en España para advertir a alguien que evite intervenir en asuntos peligrosos o complejos para los que no tiene la habilidad, preparación o conocimientos necesarios: «Manolete, si no sabes torear, ¿para qué te metes?»
Fuentes:
bbc.com
ieb.es
legrandcontinent.eu
huffingtonpost.es
lahaine.org