El próximo 6 de Mayo se conmemora el 165º aniversario del nacimiento de uno de los personajes más polémicos e influyentes del siglo XX: Sigmund Freud (Sigismund Schlomo Freud) que nació ese día en el año 1856 en la ciudad Příbor, Moravia, Imperio Austríaco (actualmente República Checa). Un hombre que hizo una contribución enorme y duradera en el campo de la psicología y cuyos métodos todavía se utilizan en el psicoanálisis moderno.

Freud no sentó las bases de sus trabajos de psicoanalista hasta que cumplió los 30 años, cuando en 1886, abrió su famosa consulta privada de neuropatólogo, en el número 19 de la calle Berggasse, en Viena– donde ahora está su casa-museo que es visitada por casi 75.000 turistas cada año- y en la que utilizaba la electroterapia y la hipnosis para el tratamiento de las enfermedades nerviosas. Fueron diez años después cuando en 1896, empezó a transformar su metodología terapéutica basada en la hipnosis, hacia lo que él mismo denominó como el «método de libre asociación» y en aquellas famosas sesiones en el célebre diván de su consulta fue forjando los elementos esenciales de los conceptos psicoanalíticos de «inconsciente», «represión» y «transferencia» que en 1899 aparecieron en su famoso tratado de La interpretación de los sueños.

El famoso diván de Sigmund Freud
Fuente

Lo que hizo Sigmund Freud fue crear un novedoso enfoque sobre la psique humana, que es tanto una teoría de la personalidad como un método de tratamiento para pacientes con trastornos. De origen judío, su nombre siempre ha sido asociado a la capital de Austria, en donde vivió 78 años y de la que tuvo que marcharse cuando, tras el ascenso al poder del régimen nazis en 1933, sus obras fueron quemadas. Doce semanas después del famoso Anschluss que supuso la anexión de Austria a la Alemania nazi, y tras varios registros de la Gestapo en su casa tomó la decisión en junio de 1938 de exilarse a Londres, en dónde murió de cáncer un año después el 23 de septiembre de 1939 a los 83 años . Allí está enterrado aquel científico cuyos descubrimientos marcaron un antes y un después en la psicología moderna

Pero cuando en 1895 Sigmund Freud publicó su primer trabajo titulado ‘Obsessions and Phobias‘ que es un ensayo psicológico sobre la distinción entre obsesiones y fobias y las posibles razones de su aparición posiblemente se estaba retratando a él mismo porque mucho antes de inventar el psicoanálisis, o de analizar traumas sexuales encubiertos, él se había obsesionado con una idea: descubrir si las anguilas tenían o no aparato reproductor.

Sigmund Freud ingresó en la Universidad de Viena en 1873 con 17 años, para estudiar medicina y en 1876 cuando cumplió los 20 años fue enviado por su profesor de Biología y Darwinismo en aquella Universidad Carl Friedrich Wilhelm Claus jefe de la estación de investigación oceanográfica de biología marina en la ciudad italiana de Trieste a aquella ciudad con una misión muy concreta: buscar los testículos de las anguilas para resolver un gran misterio que obsesionaba a los científicos de Europa de finales del siglo XIX. Los mismos aún no tenían claro de dónde venían las anguilas, y de si estas eran vivíparas u ovíparas, ya que ni siguiera tenían del todo claro si eran peces u “otra cosa”. El biólogo alemán Max Schultze en su lecho de muerte había manifestado que “Todas las cuestiones importantes (…) han sido resueltasexcepto la cuestión de la anguila

Aristóteles creía que las anguilas surgían espontáneamente del lodo del fondo de los lagos o ríos. Guetty Images

El problema ya había sido planteado por el mismísimo Aristóteles que-en su tiempo- desesperado por no lograr entender cómo se reproducían las anguilas llegó a asegurar que estos animales nacían por generación espontánea del legamoso fango de los ríos y que no se reproducían sexualmente.

La anguila es un animal sinusoso y escurridizo, que se escapa entre los dedos y que no se deja entender fácilmente. Por eso durante mucho tiempo, no se supo cómo se reproducía porque no se encontraban en su cuerpo los órgamos genitales. Aristóteles (s IV a.C.), buscó los órganos reproductores de la anguila y al no encontrarlos y nadie ver a estos animales copular o poner huevos el sabio griego concluyó que «la anguila no es ni macho ni hembra y no puede engendrar nada» sosteníendo que nacía «por generación espontánea del lodo y la tierra húmeda». Durante siglos se formularon las teorías más disparatadas e imaginativas: por ejemplo Plinio el Viejo (23-79 d.C.), explicaba que las anguilas se frotaban en las rocas y descargaban una especie de fluido viscoso que se quedaba en el barro y del mismo se generaban sus descendientes

La anguila apareció siglos después en el libro de Conrad Gesner Historiæ animalium (Historia de los animales) un catálogo zoológico publicado en cuatro volúmenes entre 1551 y 1558 que se considera el principio de la zoología moderna y que intenta describir todos los animales conocidos.

Ilustración de una anguila de la primera edición de “Historiae Animalium” de Conrad Gesner de 1568, la primera enciclopedia de animales.

En aquellos tiempos aún seguía sin conocerse como se reproducía este animal e Izaak Walton (1593-1683), en su libro “The complete angler” exponía la curiosa teoría de “que las anguilas nacen de un rocío especial que cae en los meses de mayo y junio en las orillas de algunos estanques o ríos en particular (aptos por la naturaleza para ese final) y que en pocos días el calor del Sol lo convierte en anguilas“. Así fue como la teoría de la generación espontánea de las anguilas se mantuvo en la ciencia occidental y árabe al no encontrarse ninguna explicación sobre su reproducción.

El primero en acercarse a la verdad fue Francesco Redi, que en 1684 aseguró que las anguilas no nacían en el río sino en el mar, al observar cómo las anguilas adultas descendían por el río en otoño y seis meses más tarde, en primavera, ascendía un gran número de ejemplares jóvenes. Lo que Redi no podía imaginarse era que los individuos jóvenes que llegaban no eran las crías de los adultos que habían descendido el otoño anterior, sino de los adultos que habían iniciado su periplo migratorio hacia el mar cinco años antes. Aún así nadie lo creyó…

En 1777 Carlo Mondini localizó por fin los ovarios de una anguila particularmente grande, pero la búsqueda de sus testículos siguió frustrando a muchos investigadores. Fue por eso por lo que Sigmund Freud en su juventud se esforzó en encontrar aquellos testículos en las anguilas y aunque- según él- los encontró, fue solo una suposición porque las anguilas no tienen testiculos durante la mayor parte de sus vidas y solo los desarrollan cuando parten en un viaje sin regreso desde las aguas dulces de Europa hacia las saladas del océano y eso él no lo sabia.

En en 1856 diecisiete años antes de las pesquisas de Freud y sin prever su vinculación con las anguilas,un biólogo alemán capturó en el estrecho de Messina de Italia, a un ser de aproximadamente 75 milímetros de longitud, plano y transparente, con forma de hoja de laurel y con una cabeza muy pequeña, al que denominó Leptocephalus brevirostris. Cuarenta años más tarde, en 1896, los científicos italianos Grasi y Calandrucio, estudiaron a estos leptocéfalos en una pecera y descubrieron su metamorfosis hasta convertirse en anguilas. El Leptocephalus resultó ser la forma larvaria de la anguila

Ciclo vital de la anguila

Hoy sabemos que el ciclo de vida de las anguilas consta de cinco etapas: huevo, larva (leptocéfalo), angula, anguila amarilla y anguila plateada pero sus diferencias físicas son tan grandes y sus hábitats tan distantes que en la juventud de Freud los naturalistas europeos aún pensaban que los leptocéfalos y las anguilas eran animales distintos.

El biólogo danés Johannes Schmidt dedicó parte de su vida al estudio de las anguilas; y fue siguiendo por todo el Océano Atlántico, desde el año 1904, la migración y el desarrollo de la larva Leptocephalus. Tras años de investigación marina, descubrió , en 1920, por casualidad su origen comprobando que las más pequeñas, de 2,50 mm estaban en el Mar de los Sargazos, al sur del archipiélago de las Bermudas, lo que le llevó a la conclusión de que aquel era el lugar en donde las anguilas realizaban la puesta de sus huevos a 6.500 kilómetros de la costa occidental de Europa. Así se supo que migran para reproducirse y en 1922 reveló triunfante ante la Royal Society de Londres su sorprendente descubrimiento. No había podido ver a las anguilas apareándose pero al encontrar las larvas más pequeñas, supo que aquel era el lugar de desove y nacimiento de tan misteriosa criatura.

La realidad es que Sigmund Freud nunca pudo localizar los testículos de las anguilas: porque los órganos sexuales de las mismas aumentan de tamaño y se llenan de huevos y esperma sólo cuando dejan los ríos y se pierden de vista en el océano. ¿Cómo iba a saber Freud que aquellas anguilas que estaba diseccionando fueron en su día unas larvas transparentes que cruzaron a nado seis o siete mil kilómetros tras haberse reproducido en un mar remoto ?

Y tras cuatro semanas diseccionando a cientos de anguilas en una búsqueda de sus órganos reproductores masculinos que jamás nadie antes había encontrado y diseccionar a más de 400 de ellas en busca de sus testículos terminó presentando un informe (su primera obra publicada) que escribió a su regreso a Viena en el que manifestaba haber encontrado los huidizos testículos de la anguila. En realidad lo único que encontró fueron unos bucles de materia blanca que adornaban la cavidad interna del pez y que él identificó como esos misteriosos testículos, Aunque tenía razón, aquello era una cosa muy poco creíble porque allí no había ningún tipo de esperma por lo que ni él ni nadie más de su universidad, hicieron ningún alarde de aquel supuesto descubrimiento.

No sé si la experiencia de buscar unos inexistentes testículos en cientos de anguilas pudo hacer que Sigmund Freud se convirtiese en un hombre peculiar lleno de manías, pero, tal vez si se hubiera sentado en el viejo sofá de cuero de su consulta y hubiera removido los viejos pensamientos que quedaron alojados en su subconsciente tras aquellas laboriosas y rutinarias disecciones de 1876 quizás habría entendido por qué se convirtió en un hombre amante de seguir unas rutinas y no variarlas nunca lo más mínimo, por ejemplo el almorzar siempre a la una de la tarde, y luego levantarse de la mesa para caminar tres kilómetros, haciendo siempre el mismo recorrido y recogiendo algunas setas. Quizás el animal más enigmático del mundo lo hizo ser así.

Fuentes :

BBC

Teknautas

Patrick Svensson: “El evangelio de las anguilas” ISBN: 9788417977443

Acerca de mrjaen

La curiosidad es lo que me mueve a escribir

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